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Editorial:

Reforma de la reforma

EN LA reciente encuesta realizada por EL PAÍS entre estudiantes universitarios la percepción de que las carreras universitarias forman poco para el empleo era una de las expresadas con más frecuencia. Y eran los alumnos de Humanidades quienes mayor énfasis ponían en este punto, en contraste con la también generalizada percepción de que los planes de estudios están demasiado orientados a la especialización técnica y al mercado.Quienes terminan una carrera deben haber recibido una formación para el empleo, pero también una formación básica, justamente para poder afrontar los cambios tecnológicos o de perfil profesional a lo largo de su vida. También para asegurar la continuidad de la actividad investigadora.

Confeccionar un plan de estudios que atienda a todas esas facetas, en un entorno en el que el conocimiento aumenta sin cesar, es difícil: todas las universidades del mundo van ajustando sus planes de manera paulatina. En España, la Ley de Reforma Universitaria inició una adaptación cuyos criterios -acortamiento de las carreras, organización en créditos y semestres, aumento de la componente práctica, introducción de asignaturas optativas y de libre elección- eran razonables, pero los resultados no han estado a la altura de las intenciones.

Probablemente las razones son múltiples, pero es seguro que una de ellas ha sido la mezcla de los objetivos académicos con otros corporativos, de profesión y de departamento. La inacabable pugna por planes con más años y más créditos, que supuestamente implican una mayor categoría profesional, y la relación entre asignaturas y áreas de conocimiento, es decir, plazas de profesores, ha tenido como, consecuencia planes absurdamente densos, imposibles de seguir por la acumulación de horas de clase y una proliferación de materias de pertinencia académica mas que discutible.

El Gobierno acaba de aprobar algunas de las medidas sugeridas por el Consejo de Universidades para poner remedio a los problemas detectados. Pero entre las no aprobadas figura la de reducción de la carga docente presencial asignada a un crédito, considerada la principal del paquete. No se entiende la razón por la que no se ha respetado el conjunto de las modificaciones propuestas, y todo hace temer que se siga retrasando una reforma que urge, antes de que la situación creada se haga irreversible o de muy difícil solución.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997