Los argelinos votaron ayer sin aparente entusiasmo para elegir su primer Parlamento pluralista. Ni las batideras que colgaban de todos los rincones ni los himnos patrióticos que sonaban en los colegios fueron suficiente reclamo. A las seis de la tarde (las siete en Madrid), a una hora del cierre de los colegios, el Ministerio del Interior aseguraba que había votado ya el 56%. Finalmente, fuentes oficiales dieron el 66,3% como porcentaje final de participación; un dato lejano de aquel 75% que confirmó en la presidencia al general Liamín Zerual en noviembre de 1995. El despliegue de militares, policías y gendarmes fue espectacular.
Espectacular despliegue de seguridad en unos comicios marcados por el clima de violencia
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Atgelia vota con desencanto en las primeras elecciones legislativas convocadas por Zerual
Viene de la primera página El espectacular despliegue de las fuerzas de seguridad era patente ayer en la capital y, sobre todo, en la fértil llanura que la rodea: la Mitiya, la región más castigada por la violencia que desangra Argelia desde hace más de cinco años. En Bufarik, a 40 kilómetros al sur de Argel, tiene uno de sus vértices el llamado "triángulo de la muerte", que alcanza hasta Medea y Larba desde las faldas del Atlas. Entre frutales y viñedos plantados por los colonos franceses, el Ejército reforzaba la vigilancia de las principales encrucijadas, de carreteras, mientras los controles establecidos por la policía y la gendarmería se hallaban en los accesos a los núcleos de población y ante los colegios electorales. El centro de votación situado cerca del Ayuntamiento de Bufarik no parecía muy concurrido al mediodía, cuando ya habían ejercido su voto algo más del 10% de los electores. A su espalda se veían las ventanas ennegrecidas de un café donde hace dos semanas estalló una bomba. El atentado se cobró 15 vidas, según los informes oficiales, y 29 según lo afirmado por varios ciudadanos. "En las elecciones de 1991 [anuladas a raíz del golpe militar de 1992], el FIS barrió en Bufarik", recuerda Sofian, un enfermero de 24 años empleado en un hospital de Argel -"nunca voy en tren a trabajar, ponen bombas casi todos los días"- que se abstuvo en las legislativas. "Mucha gente cambió de ropa cuando ganaron los islamistas, ahora visten como los patriotas [civiles armados por el Ejército para combatir a la guerrilla integrista]", explica con desencanto. Inquietud de los observadores En los colegios visitados por este enviado especial el procedimiento de voto se respetaba escrupulosamente, y los electores, tras identificarse, podían seleccionar su papeleta en una cabina cerrada por una cortina. Los principales partidos contaban con interventores destacados en cada mesa electoral. Los observadores internacionales, sin embargo, han expresado su inquietud sobre la fiscalización de los sufragios del personal de las fuerzas de seguridad, que ejerció su voto hace dos días, y de los depositados en las más de 5.000 urnas itinerantes destinadas a pequeñas aldeas y nómadas del desierto. Ufano y con la chilaba de los días festivos, el, herrero jubilado Randan, de 85 años, salía del colegio electoral del centro de Bufarik con una mirada enigmática. "No le pienso decir a quién he votado, joven, el voto es secreto", retaba al periodista poco antes de susurrarle al oído: "Mi voto es para el presidente, siempre". Pasó en la cárcel la mayor parte de la guerra de liberación. Los escasos datos facilitados ayer por el Ministerio del Interior argelino confirmaban las impresiones recogidas por los observadores extranjeros en Argel, donde la apatía de los votantes hacía prever una elevada abstención. En Orán, la segunda ciudad del país, la tasa de participación a las seis de la tarde se acercaba (siete en Madrid), con el 53%, a la media nacional. Mientras tanto, los índices de afluencia a las urnas en la Cabilia, la región de mayoría bereber, reflejaban unos comicios más disputados que en la capital, con el 29,28% de participación en Tizi Uzu y el 31,5% en Bujía a las tres de la tarde (una hora más en Madrid). Los terroristas más buscados En la puerta del centro de votaciones del distrito de Nuch-Gro de Bufarik, donde nació el actual comandante del Grupo Islámico Armado (GIA), no hay carteles electorales, pero sí pasquines con las fotos de los terroristas más buscados, incluido el emir Zuabri, por cuya cabeza el Gobierno ofrece 12,millones de pesetas. Ya ha pasado el mediodía y es el momento en que acuden a votar las mujeres tras sus tareas domésticas. Todas llevan largas túnicas y un pañuelo en la cabeza. Sólo las más jóvenes no cubren la nariz y la boca con un velo. La televisión estatal argelina no cesó de emitir imágenes de los colegios electorales en los que se registraba una mayor afluencia de votantes, especial mente en los del sur del país, como en Tinduf, donde a las tres de la tarde ya había una tasa de participación del 92,7%. "¿Resultados definitivos? Mañana (por hoy), Inch Alá", predicen los funcionarios de la Ad ministración argelina. Oficialmente, la jornada transcurrió sin incidentes. Tan sólo el islamista Movimiento de la Sociedad por la Paz se atrevió a violar el apagón informativo sobre cuestiones de seguridad al anunciar que dos interventores de partidos políticos resultaron heridos al estallar una bomba en su vehículo en la región de Helfa, en el centro del país.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 1997