El artículo de Vicente Verdú de EL PAÍS del 4 de diciembre trata de este tema como la etiqueta más distintiva de nuestro tiempo. Estoy de acuerdo con él, como en muchas otras ocasiones. Sobre todo en la afirmación de que "la cultura occidental, consumista, saciada de objetos, ha sustituido su sed de bienes por la sed de mal. Un nuevo factor que encuentra su fuerza en la energía de lo feo y lo repulsivo". Pone Verdú varios ejemplos de nuestra sociedad, que ha adoptado esto como seña de lo nuevo. Pero en realidad es algo muy antiguo en el hombre, como señaló Freud cuando descubrió la pulsión de muerte, y que ahora irrumpe en lo social, se ha instalado en un ceremonial repetitivo que potencia el sentido del propio ceremonial dentro del universo de esa tendencia autodestructiva del hombre, en un momento en el que el proceso civilizador ha disminuido los riesgos de la vida humana.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de diciembre de 1997