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BALONCESTO SEMIFINALES DE LA COPA DEL REY

La Copa reparte fortuna en Valencia

El Fórum no pudo con la presión de su público y la disciplina del Pamesa

La Copa reparte felicidad, otra cosa es el espectáculo. Son las señas de identidad de este torneo. El elegido este año es el Pamesa Valencia que así puede irse fabricando un patrimonio deportivo. Lejos de la euforia del momento, habrá que ver cómo administra el éxito porque estos sobresaltos suelen ser muy peligrosos. En cualquier caso, el Pamesa llega a este punto desde las profundidades (descendió en la temporada 1994-95 para ascender un año después) y ha logrado el regreso. Es un detalle: parece que detrás hay un proyecto.El Pamesa accede a su primera final haciendo su trabajo. No se le puede pedir otra cosa. No hizo un juego brillante, aunque sería interesante saber si su técnico, Vukovic, sabe hacer jugar a un equipo de otra manera. El Pamesa transmite tanta disciplina que, si no se anda el rival con cuidado, tiene capacidad para manejar un resultado. No es asunto nuevo. La semifinal se le presentaba asequible desde todos los puntos de vista: el Fórum no era de mayor jerarquía y estaba presionado por el factor local. No era muy difícil buscarle las vueltas y llevarle a la derrota sin necesidad de una gran ventaja.

Porque el Pamesa aprovecha lo que le dan y rentabiliza al máximo aquello de lo que dispone: un base cerebral (Rodilla) y un quinteto titular. Superó la lesión del americano Fox a los siete minutos (15-15) y no perdió nunca la paciencia. El Fórum disfrutó de pequeñas ventajas (40-34 al descanso), pero nunca tuvo la fluidez de ideas suficiente como para. despegarse o, si acaso, un hombre en estado de gracia. Las condiciones apuntaban lo que llegaría a suceder en el momento justo.

Ese momento llegó en el minuto 36. 64-70 en el marcador, seis puntos de ventaja que son muchos puntos. Rodilla llevaba el cronómetro en su bolsillo, caminaba hacia la canasta y dejaba transcurrir 15 segundos de cada posesión; luego, un uno contra uno ante David Brabender. Podía pasar una de las siguientes cuatro opciones: la canasta, la personal y los tiros libres consiguientes, un rebote ofensivo (y vuelta a empezar) y el fallo con el balón en poder del contrario. En esas condiciones, el cálculo de posibilidades estaba de su lado, entre otras cosas porque estaba claro que Rodilla no es de los que pierden la cabeza. Cada jugada era un calco de la anterior. Ni que decir tiene que, en esos cuatro minutos, sólo se registraron cuatro canastas, dos por cada bando. Hubo más segundos sin juego que en acciones claras hacia la canasta. No hubo opción ni para emocionarse por el resultado. Dicho de otra manera, fue un rollo de partido.

Pedirle otra cosa al Pamesa Valencia sería injusto. Está en la Liga ACB para sobrevivir y procurarse alguna alegría. Pero puestos a hurgar en los detalles sí se aprecia que, en estos partidos, el grado de implicación (y de emotividad) de los jugadores nacionales es mayor. El Pamesa salió a la pista con Rodilla y cuatro extranjeros, pero no estaría donde está ahora mismo sin Luengo, Álvarez, Alonso y Maluenda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998