El Alavés utilizó la victoria como terapia. Ganó al Lleida para sanarse de las consecuencias del castigo recibido en Las Palmas una semana antes (4-0). Se alivió a base dé trabajo y ejercicio físico, pero dejó en entredicho tal curación cuando levantó el pie en la recta final del partido. Entonces, rememoró el miedo del Insular y le asaltaron dudas impropias de un líder, aunque no tenía motivo. El Lleida se está evaporando a medida que avanza la Liga. Le falta convicción y una gota de fútbol para saber distribuir el balón y acercarlo al área contraria.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998