La perspectiva de una final entre el Pamesa y el TDK Manresa sembraba el pánico en la sala de prensa: una cosa es una sorpresa y otra bien diferente una indigestión. No es que los susodichos no tengan derecho a ganar la Copa, derecho nadie les niega: lo terrible era invitar a una fiesta a dos equipos a los que no les gusta el sarao y abusan de un discurso tan práctico como monótono. El Joventut puso algo de lógica al asunto y tramitó su semifinal no sin evitar cierto aroma de mediocridad. La Copa se acaba sin un buen partido en la memoria. A veces, estas estadísticas subjetivas tienen más peso para medir la enjundia de una competición que la suma de sorpresas, espectadores, periodistas acreditados y audiencias televisivas. Hoy se celebrará una final en tono menor pero, al menos, con la posibilidad de apreciar lo queda de sí un conflicto entre dos estilos de juego.La semifinal catalana tuvo un tono soporífero que pareció, en todo momento, inevitable. El TDK Manresa se empeñó en hacer su partido con los argumentos ya de sobra conocidos y el Joventut trató de evitarlo con un exceso de precauciones. De alguna manera, no quería verse envuelto en un partido enmarañado, con porcentajes bajos, muchos tiros libres, posesiones interminables y el típico ambiente amedrentado sobre el que Creus pudiera hacer mejor su trabajo. Lo consiguió en parte, pero sin poder soltarse el pelo.
La semifinal se quedó sin sustancia en el momento en el que el Festina Joventut aprovechó un parcial de 13-0 para poner el timón en su sitio (14-27). Poco después salió el nervioso Corrales y todos creímos que podríamos disfrutar de su exceso de adrenalina. Pero Corrales saltó a la cancha con alguna consigna de por medio y actuó con el freno de mano puesto. El Joventut se acercó a la frontera de los 20 tantos (25-33, en el minuto 15, 29-46 en el descanso), pero no llegó al punto de sentirse cómodo.
La segunda parte fue un largo trámite. El TDK Manresa se aplicó en defensa, amenazó con un tímido acercamiento (31-50) y se colocó en zona por si acaso. No queda duda de que lo intentó, pero tampoco de que no sabe jugar más que de una sola manera. Y ése es el problema de la mayoría de los equipos de la zona media de la Liga ACB. Así que el Joventut dejó para otro día cierto tipo de consideraciones y se limitó a ganar el partido. Era mejor y podía demostrarlo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998