Acaba de cambiar la butaca y el lienzo por un andamio de más de cuatro metros de altura y la pared de una iglesia. Román Blázquez, de 31 años, copista del Museo del Prado desde hace 11, ha donado a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, en Móstoles (196.500 habitantes), una reproducción de El prendimiento de Cristo, que el autor flamenco Antonio van Dyck pintó en el siglo XVII, tal vez sin saber que lo donaba a la posteridad.
Por primera vez, Román se atreve con ese pintor, ya que su fuerte siempre ha sido Rubens. "Me enamoré de la técnica, la soltura y los empastes de Rubens desde la primera vez que vi su obra. Lo elegí cuando entré de copista al Prado, con 17 años, y desde entonces me dedico a él", explica. Sin embargo, este mostoleño no es un novato en el universo vandyckiano, pues llevaba dos años estudiando de manera concienzuda El prendimiento de Cristo. "Me gusta su colorido, su profundidad y el tema religioso", añade. Este original, en el Museo del Prado, mide más de tres metros por dos y medio, pero en la parroquia mostoleña casi duplicará sus medidas. La elección del beneficiario de esta original donación fue casi casual: en principio, Blázquez estaba decidido a aprovechar una de las paredes de su casa, pero se quedaba pequeña para una composición de tanta envergadura. Fue entonces cuando un alumno suyo le dio la idea de buscar una parroquia, a ser posible la de Nuestra Señora dela Asunción, por ser, con la ermita del siglo XVII, la más emblemática de la localidad.
Los responsables del templo quisieron comprobar la valía del autor de la donación para asegurarse de que no se dedicaría a embadurnar la pared de la iglesia. "Vieron algunas de mis copias y quedaron convencidos", aclara Román, que desde diciembre está manos a la obra. Al mural le dedica algún miércoles por la mañana y los fines de semana al completo, pero va más despacio de lo que preveía debido a ciertas dificultades: "Tengo una luz tenue que ilumina sólo un metro cuadrado, así que he de trabajar por partes. Además, cuando estoy en el andamio pienso sobre todo en no caerme". Y eso que aún no ha llegado a lo más difícil, los rostros de Cristo y de Judas, que, al menos, podría corregir al final porque la técnica del óleo es muy agradecida para los retoques. "Pintar mal ya es difícil, así que imagínate hacerlo bien", apostilla Blázquez para dar una idea de la complejidad del mural.
El copista no cobrará un duro. Ya se siente bien pagado con una pared tan solemne como la de Nuestra Señora de la Asunción y con que su obra perdure allí. "Para mí esto también es aprendizaje". Van Dyck será mostoleño después del verano.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998