Hoy he visto a un padre destrozado porque venía pidiendo justicia por el hijo que le mataron neonazis hace un año en Madrid.Quizás ya nadie se sorprenda de nada, cuando la violencia y la muerte son tan cotidianas como cambiar el canal de televisión.
Nos han hecho creer que vivir es como ir al cine, que no podemos salvar la distancia que hay entre la película y el espectador.
No sé. Puede que me haya vuelto loca y aún me duela muy hondo la muerte.
Quizás ya nadie se sorprenda de nada, pero a mi amigo lo hubieran podido matar el otro día en Xátiva.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998