Se cumple el segundo año triunfal del PP en el Gobierno. El presidente Aznar ha querido solemnizarlo con unas cuidadas declaraciones al diario en el que tiene puestas todas sus complacencias. Hasta aquí ninguna sorpresa. Pero por contraste respecto a tantas ocasiones anteriores el encuentro se ha preparado de tal manera que se evitara cualquier vis a vis entre Pedro José y su anfitrión de la Moncloa. Se ha preferido diluir la reunión con la presencia adicional de Casimiro García Abadillo, uno de los seis adjuntos al director, y de Fernando Garea, uno de los 18 redactores-jefe, además de los inevitables fotógrafos que habían de inmortalizar esos momentos. Inútil buscar por tanto el rastro de aquellos paseos imperiales a dos por los frondosos caminos del jardín bajo los cielos de Velázquez.Del jueves pasado sólo se muestran a los lectores escenas de interior en el despacho oficial del presidente. Allí aparece Aznar con sus interlocutores sentados en una butaca de espaldas a la mesa de Narváez, que tanto juego dio en los alegres tiempos de Isabel II. Pero antes de seguir adelante rindamos tributo a aquella Reina, la del Canal y el tren de la fresa, signos anticipadores del Plan Hidrológico Nacional y del Tren de Alta Velocidad Madrid-Sevilla. Sobre aquella Niña apostaron los liberales, después de haber sido tan zurrados por su padre Fernando VII. Y algo de eso, siglo más o menos, le explicó Aznar al propio canciller Helmut Kohl cuando lo tuvo de huésped en El Escorial. Válganos ahora el recuerdo de aquella gran cultivadora del generalato más apuesto de la época y sírvanos como un valioso antecedente de la mejor fogosidad, en clara ventaja frente a un Clinton, víctima de los conspiradores denunciados por la valerosa Hillary, émula norteamericana de nuestro Anson.
La entrevista conmemorativa aquí comentada se anticipa al encuentro anunciado para hoy con 18 directores de medios informativos. Su publicación apenas ocupa ocho páginas del diario, administradas en dosis sucesivas que han sabido a poco a los adictos y han dejado a los lectores con ganas de nuevos capítulos. Vamos a ver, si se publican suplementos dedicados al bricolaje o a la informática ¿a qué se espera para iniciar un serial recuperando todas las entrevistas aparecidas en el diario de referencia al presidente? ¿Para cuándo se dejan las evocadoras ilustraciones tomadas de algunos momentos estelares de la nueva transición? ¿Cabe un mejor momento que este primer cuarto de hora para reproducir por ejemplo la fotografía del balconcillo de Carabaña en la Semana Santa del 96? ¿Seremos de nuevo presa de la indolencia y terminará por adelantársenos como en tantas otras ocasiones la prensa extranjera?
En el texto final ofrecido al público se observa un agradecido pulimento, se mantiene como lema más repetido el de "un cambio razonable" y se advierte el uso reiterado del yo y de la primera persona del singular, sin apenas referencias al Partido o al Gobierno. Tampoco hay nombres que salgan de su boca salvo los de Azaña, Ardanza, Castro, Jacques Santer y Helmut Kohl. Por lo demás las mayores novedades se registran en el campo de la imagen gráfica, donde cobran gran protagonismo las manos del presidente. Las de la portada del domingo, un difícil contrapicado seguramente obtenido en cuclillas, son manos que se ofrecen. En páginas interiores, hay otras manos abiertas en prolongación de brazos extendidos que parecen dispuestas para la más amplia acogida, luego hay también una mano derecha que alecciona y un puño que sirve de apoyo razonable a la cabeza.
En resumen, que estamos a punto de ensayar la estadística creativa para disminuir la resistente lacra del paro, que nuevas promesas fiscales activarán como la campana de Pavlov los reflejos de los electores y que se convocarán las legislativas para el 8 de noviembre, una vez oído el Consejo de Ministros del 11 de septiembre y mediante decreto que se publicará en el Boletín Oficial del Estado del lunes siguiente, día 14. Pero Aznar dejará muy claro que lo hace contra su voluntad por imperativos de las minorías que le habían venido acompañando, a quienes anuncia que negará los fondos del Inem y la cesión de los impuestos especiales. Así que tres legislaturas por el precio de dos. Y de lo del senador Tomey, que hoy no toca.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1998