El ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez parafraseó ayer una famosa expresión suya, pronunciada al inicio de la transición, para reclamar que, "en lo tocante a la dignidad de la persona y sus derechos, hay que hacer normal en la calle lo que a nivel político-jurídico está prescrito en nuestra Constitución". Con esa reflexión cerró su discurso de agradecimiento por el título de doctor honoris causa que ayer le entregó la Universidad Politécnica de Madrid, en un acto académico presidido por los Reyes y al que asistieron los también ex presidentes Felipe González y Leopoldo Calvo-Sotelo.
Adolfo Suárez, que varias veces a lo largo de la ceremonia intercambió con los Reyes sonrisas y gestos de afecto, acudió al acto acompañado por su hija Amparo y tuvo como padrino al ex ministro centrista de Agricultura Jaime Lamo de Espinosa. En su laudatio, éste caracterizó al ex presidente como arquitecto de la transición, pero que, a diferencia de Cánovas, "no se eterniza, sino que realiza su obra y luego, discretamente, sale del escenario". Tras ensalzar su "enorme dignidad en el sentido del Estado y en el ejercicio del poder", recordó que, en el fallido golpe de Estado de 1981, "el Rey salvó el Estado democrático, y Suárez, la dignidad de las instituciones públicas".El ex ministro centrista indicó que Suárez "ha marcado desde hace años su presencia con la sonoridad de sus silencios. Nadie ha oído una palabra suya contra viejos adversarios o cuando ha sido aludido por cualquiera con injusticia o infamia". Y, a la vez, "la vida le ha ido devolviendo (...) todo el amor que el pueblo español comprendió que le debía".
Suárez recibió los atributos de doctor honoris causa de manos del rector de la Universidad Politécnica, Saturnino de la Plaza, frente a la mesa presidencial, en la que se encontraban los Reyes; la ministra de Educación, Esperanza Aguirre; el presidente de la Comunidad dé Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y el presidente del Consejo Social de la Universidad, José Ángel Sanchez Asiaín. Entre el público se hallaban 15 ex ministros centristas, el ex líder del PCE Santiago Carrillo y varios embajadores, encabezados por el de la Santa Sede, Lajos Kada.
Suárez dedicó su discurso a la dignidad de la persona y el respeto de los derechos humanos y dejó patente su concepción cristiana de la vida. "Toda la obra de la transición tuvo como principal objetivo", resumió, "instaurar en la política y en nuestra sociedad el respeto debido a todos y cada uno de los españoles, a su dignidad como personas y a los derechos fundamentales que les corresponden, anteriores y superiores al Estado y en cuyo respeto éste se funda".
El ex presidente citó a Miguel de Cervantes para hacer suyo que "no es un hombre más que otro si no hace más que otro", dejó constancia de que sólo el 20% de los habitantes del planeta dispone del 80% de su riqueza y subrayó que, a estas alturas del siglo, existe una nueva sensibilidad que lleva a sentir como propia la violación de los derechos humanos cometidas en cualquier parte.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1998