Fue Churchill quien dijo hace muchos año que los Balcanes producían más historia de la que podían consumir. En Kosovo, cuando el rescoldo de Croacia y Bosnia todavía no se ha apagado y la misma Albania sigue tambaleándose un año después de su descenso a los infiernos, está gestándose a toda prisa una nueva ración de historia europea indigerible.A finales del año pasado la situación de la provincia serbia de mayoría albanesa dio un gran paso hacia el abismo con el enfrentamiento por vez primera entre la policía de Milosevic y miembros del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK), una organización armada independentista a la que se venía suponiendo un invento de Belgrado. La carnicería de este fin de semana, 20 muertos en Drenica, un bastión del UCK, pone aquel acontecimiento en perspectiva. Hasta ahora se hablaba de goteo de cadáveres.
La situación de Kosovo (Macedonia, con un 25% de población albanesa, y la propia Albania son sus explosivos vecinos) galopa así hacia un punto sin retorno. "La táctica de Milosevic, buscar una solución violenta, está ganando terreno", aseguraba en diciembre en Pristina Adem Demaci, líder respetado por muchos albaneses tras 27 años de cárcel serbia.
Acosado por EE UU y la Unión Europea, intentando sujetar a la díscola Montenegro, erosionada su base política, Milosevic juega con fuego. Serbia agoniza, política y económicamente, su oposición democrática está en ruinas y los fascistas de Vojislav Seselj resurgen con fuerza. Los separatistas de Kosovo no están preparados para una guerra y Tirana tiene bastante con lamerse sus heridas, como el primer ministro Fatos Nano dejó claro en la reunión balcánica de Creta. Washington y Bruselas se oponen abiertamente a la independencia de los albaneses, pero exigen a Milosevic, o dicen que le exigen, concesiones inmediatas. El presidente yugoslavo proclama que Kosovo es un asunto interno.
Los días que faltan hasta las anunciadas elecciones de los albaneses de Kosovo, ilegales pero toleradas en el pasado por Belgrado, pueden resultar cruciales. El 22 de marzo se decidirá si el gandhiano Ibrahim Rugova, que oficia de presidente de este Estado paralelo sometido al apartheid, sigue teniendo el apoyo de los suyos tras siete años de resistencia pacífica. O si, por el contrario, los partidarios de soluciones drásticas han tomado el relevo en el próximo polvorín de los Balcanes.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1998