ENVIADO ESPECIALEl contrabando de petróleo es la escotilla que da oxígeno económico al régimen de Sadam Husein. Éste busca resquicios para paliar los efectos provocados por las duras restricciones a la exportación impuestas por las Naciones Unidas tras la guerra de 1991. El volumen de este comercio ilegal ha llamado la atención del Comité de Sanciones de la ONU. Irak tiene dos vías para burlar el cerco: una, con barcos a través del golfo Pérsico, y otra, con camiones que transportan los productos petroleros desde Kirkuk y Mosul, en el norte, hasta la permeable frontera de Turquía.
Son 150.000 las toneladas mensuales que escapan al control de la ONU, cerca de un millón de barriles, unos 14 millones de dólares (más de dos mil millones de pesetas) de libre disposición. La mayoría sale ilegalmente del país por la vía marítima. La terrestre del norte es un run-run de camiones que deben pagar peaje a los distintos señores del territorio (kurdos iraquíes, kurdos turcos, Ejército de Ankara), revelan fuentes diplomáticas en Bagdad.
El Comité de Sanciones de Naciones Unidas, que hasta ahora había mirado hacia otro lado, ha empezado a preocuparse por la creciente importancia económica de estas operaciones. Representan un 3% de las exportaciones legales. No es mucho, pero se trata de un porcentaje en crecimiento. Bagdad reconoce la existencia de ese contrabando, pero niega que esté organizado por ellos o que su volumen real sea el que denuncia la ONU, asegura una fuente gubernamental.
Esta fórmula de comercio irregular está plenamente institucionalizada y es conocida desde hace tiempo por embajadas y delegaciones extranjeras representadas en Irak, pero todos parecen aceptarla por razones humanitarias. Pero el dinero que se obtiene de ese flujo petrolero no se destina a medicinas o alimentos; para eso ya están las exportaciones autorizadas por la ONU. Esos 14 millones de dólares se emplean para adquirir mercancías prohibidas por las Naciones Unidas, por considerarlas suceptibles de un doble uso -civil y militar-, pero que son imprescindibles para la vida económica de cualquier país. Entre los productos adquiridos por el Gobierno iraquí se encuentra la flamante flota de vehículos nuevos con los que la policía ha empezado a patrullar las inseguras calles de la capital.
Las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas imponen a Irak un estricto corsé económico. Sus exportaciones de petróleo están limitadas y son vigiladas. Gran parte del dinero que se obtiene debe ser destinado a la compra de medicinas y alimentos. La lista de necesidades de la población la establecen las agencias humanitarias internacionales, de común acuerdo con las autoridades locales. Es parte del precio de la derrota en el golfo Pérsico.
A propuesta del secretario general de la ONU, Kofi Annan, el Consejo de Seguridad autorizó recientemente un incremento del tope exportador, cifrado hasta hace unos días en 2.000 millones de dólares al semestre. Ahora, la ONU, permite exportar petróleo por valor de 5.200 millones de dólares cada seis meses.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1998