Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

Aceite de oliva

Ya sólo faltaría que nos quitaran el aceite de oliva. El comisario de Agricultura de la UE, Franz Fischler, no ha dicho que ése sea su propósito, pero se le ve venir. Por sus obras le conoceréis. Algo trama. Quizá sea la vida, que no siempre vino muy boyante, la que le ha hecho a uno desconfiado. Quién sabe si por las covachuelas de la UE alguien pretende que nuestros olivareros produzcan menos para que se forren otros.Cuando dicen los aceitólogos -vale llamarlos oleotécnicos- que los aceites de oliva españoles se encuentran entre los mejores del mundo, ni mienten ni yerran. Los aceites de oliva españoles de condición virgen extra son insuperables. Comparadas sus propiedades organolépticas con las de los griegos, los italianos o los israelíes -pongamos por caso-, triunfan siempre en la cata.

No sólo es la embocadura, sino el amplio surtido de aceites lo que contribuye a la singularidad de la producción olivarera española. Naturalmente que todo va según los gustos. Unos prefieren la acidez baja, otros la alta, cual le ocurre a un servidor. La clásica rebanada de pan tostado con un garabateo de aceite puro de oliva, fundamento alimentario de multitud de generaciones, sigue siendo manjar sin parangón.

En la propia alcuzada es donde se realzan las variedades de los aceites y sus características. Los de Jaén no saben igual que los de Lleida, o los de La Mancha que los del Maestrazgo, pongamos por caso. Unos se llevan la fama, y gozan de bien merecida denominación de origen, mientras hay otros a los que apenas se presta relevancia y, sin embargo, poseen un riquísimo paladar. Ahí están, sin ir más lejos, los de Villarejo de Salvanés, que realzan cualquier condumio y además reconfortan si se gulusmean sin acompañamiento alguno.

La cucharada de aceite puro de oliva al acostarse o en ayunas es una golosina ancestral que obra salutíferos beneficios. Tenían nuestros antepasados la absoluta certeza, sin necesidad de experimentos en laboratorio, de que una cucharada de aceite puro de' oliva al acostarse y otra al levantarse eliminaba las miserias corporales, y por eso formaba parte sustancial de la dieta que llaman mediterránea. Vino luego la modernidad de la posguerra que dictaban los americanos, se demonizó el aceite de oliva en beneficio de los aceites de semillas diversas, de la mantequilla y de la margarina, y nos hicieron la puñeta. Los definidores de la modernidad difundieron sus lemas, como siempre que intentan convencer solapadamente a las buenas gentes, y el progreso de los pueblos lo medían por las raciones de mantequilla que eran capaces de consumir.

Paralelamente, al pueblo español quisieron disuadirlo de su apego a la dieta mediterránea, y ciertos intelectuales que iban de progresistas les hacían el juego, ironizaban sobre los hábitos alimentarlos de sus propios compatriotas, los calificaban de aceitosos y garbanceros. Algunos de aquéllos, cuya pobreza intelectual les impele a dar una falsa imagen de vanguardistas, se dedican ahora a perseguir fumadores.

Quienes cayeron en la trampa de los aceites vegetales y la mantequilla se encontraron con que les subía el colesterol, y habría sido el desastre si no fuera porque llegaron médicos con sentido común y recomendaron volver a la dieta mediterránea, a su rico aceite de oliva, incluso a las leguminosas y los pescados azules que la modernidad americana había demonizado también.

Vuelve a tener vigencia y demanda el aceite de oliva, y justo ahora -quizá precisamente por eso- el comisario aquel pretende erradicarlo de nuestros campos para que lo produzcan otros. Como el castizo solía decir: "Señor comisario, vaya usted a robar gallinas".

Hubo tiempos de hambre canina; en los parvos suministros de la posguerra, el aceite estaba racionado a un octavo de litro, y quien, por un descuido verdaderamente lamentable o por uno de esos avatares de la vida, llevaba un lamparón en la camisa lo exhibía con mayor orgullo que si se tratara de la Laureada de San Fernando.

¿Que nos quieren quitar el aceite puro de oliva, dice? Será pasando por encima de nuestros cadáveres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1998