LOS SOCIALDEMÓCRATAS alemanes tienen finalmente un líder indiscutido para medirse frente a Helmut Kohl en las elecciones del 27 de septiembre: Gerhard Schröder, un político de 53 años que pretende representar a un "nuevo centro", al estilo del radicalismo de Tony Blair en el Reino Unido, más que a la izquierda clásica. Pero, a diferencia de Blair, al día de hoy no se sabe muy bien qué defiende la nueva estrella ascendente en Alemania. De momento es un líder sin programa.Su victoria contundente del domingo en las elecciones de Baja Sajonia le ha convertido en candidato indiscutido del SDP para las elecciones generales. Su rival en el partido, Oskar Lafontaine, le ha abierto paso con rapidez y la ejecutiva nacional del SPD ratificó ayer esa candidatura. Tras tantos años de oposición, el programa del SPD se ha demorado mucho, pero se concretará en el próximo congreso de los socialdemócratas alemanes, a mediados de abril. Está aún por ver si se amolda al candidato, ya que el aparato del SPD está en manos de Lafontaine, heredero de la tradición más izquierdista del partido.
Schröder es un político populista que sabe tocar la Fibra emocional de los electores, Radical y pragmático, ha sabido ir adaptándose al aire de los nuevos tiempos. Próximo al mundo empresarial, obsesionado por el relativo declive tecnológico e industrial alemán, partidario de poner a dicta el Estado de bienestar, el discurso de Schröder ha ido variando con el tiempo y debe precisarse ante los próximos comicios
Critico en su tiempo con el proyecto de la moneda única europea -objetivo poco popular en Alemania-, Schröder ha abandonado las críticas al euro a medida que el SPD se volvía claramente europeísta tras unos años de duda. Es un europeísmo en el que la integración política ha de acompañar a la económica y monetaria y en el que algunos grandes problemas, como el paro, deben ser abordados desde una estrategia también continental. No obstante, la idea lanzada ayer mismo por Schröder de convocar una mesa redonda nacional para discutir las consecuencias de la moneda única puede indicar aún ciertas reticencias ante el euro, clave de bóveda actual del edificio europeo en construcción. En cualquier caso, la decisión sobre la moneda europea se tomará en mayo, casi cinco meses antes de las elecciones alemanas, y difícilmente podrá haber marcha atrás. Mejor para todos.
Con vistas a los comicios de septiembre, Schröder tiene a su favor el cansancio de la población con Kohl y la falta de respuesta del actual Gobierno a un paro que alcanza a casi cinco millones de habitantes. Pero el SPD no ganará en solitario. Necesitará a los verdes para gobernar, ante el declive de los liberales. Por otra parte, no cabe excluir del todo la posibilidad de una gran coalición entre democristianos y socialdemócratas.
Kohl tiene por fin alguien con quien medirse. No hay que dar los resultados de septiembre por cantados: el actual canciller ha demostrado a lo largo de 16 años en el poder, tras cuatro victorias consecutivas, que es un animal político de raza. Ya remontó la tendencia en 1993 y, en todo caso, sólo saldrá de la cancillería tras una derrota en las urnas. Por eso ratificó ayer su candidatura.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1998