Por una libra esterlina (unas 255 pesetas), millones de británicos pudieron ayer adquirir los dos últimos best sellers sobre la inacabable saga de Diana de Gales. Y éstos eran ciertamente cotizados porque uno, el tabloide The Mirror (30 peniques), publicaba la primera entrevista amplia con Trevor Rees-Jones, el único sobreviviente del accidente bajo el puente del Alma, y otro, el departamento de publicaciones de Somerset House, ofrecía a 70 peniques copias del largamente esperado y multimillonario testamento de la princesa del pueblo.A pesar de las exhortaciones de la casa real, el primer ministro laborista, Tony Blair, y su antecesor conservador, John Major, a que se deje la memoria de Diana en paz por el bien de sus dos hijos, la curiosidad popular con todo lo que tenga que ver con lady Di no hace sino ir en aumento. Especialmente después de la publicación de la entrevista con Rees-Jones, el guardaespaldas al servicio de Dodi al Fayed, que asegura que Diana, contrariamente a lo que sostiene la familia real, no murió instantáneamente.
Tras afirmar que recobra la memoria gracias a los psiquiatras, Rees-Jones, un ex paracaldista de 29 años desfigurado por múltiples heridas, declaró al Mirror: "He tenido flases de una voz de mujer desde la parte posterior del coche. Primero fue un quejido. Luego llamaba a Dodi. Sólo podía ser la princesa Diana. Yo estaba consciente y también lo estaba ella".
El Mirror, que se agotó rápidamente a pesar de una tirada extra que alcanzó un total de 2,8 millones de ejemplares, dijo que "este asombroso testimonio" va a aumentar la sospecha de que Diana pudo salvarse si hubiera recibido una atención médica más rápida. Pero la entrevista, realizada por el director del diario, Piers Morgan, en el despacho del multimillonario egipcio Mohamed al Fayed, va a cuestionar también lo que el controvertido dueño de Harrods ha dicho desde un principio: en sus últimos momentos, Diana dejó un mensaje que no ha sido revelado.
Rees-Jones también ha abierto otros serios interrogantes al afirmar que, contrariamente a los informes policiales y forenses, el chófer del Mercedes negro, Henri Paul, no estaba borracho. "Si lo hubiera estado, yo no habría permitido que se acercara siquiera al coche", dijo. Según Rees-Jones, fue Diana, y no Dodi, quien pidió al chófer que acelerara y que los paparazzi viajaban en motocicletas y probablemente un coche delante, no detrás, del Mercedes. "Cada vez voy recordando más", dijo. No se sabe, sin embargo, si su testimonio ante los investigadores franceses va a tener valor. Según informa desde París José Luis Barbería, el juez que investiga el accidente en el que perdió la vida la princesa le tomará declaración el próximo día 16.
Lo que sí es cierto es que Diana deja a sus hijos, Guillermo, de 15 años, y Enrique, de 13, la principal tajada de una herencia de 21,5 millones de libras esterlinas (unos 5.400 millones de pesetas). Y, en unplano infinitamente más módico, regalos a sus 17 ahijados, cuyas edades oscilan entre los dos y los 17 años. Su leal mayordomo, Paul Burrell, a quien Diana. llamaba cariñosamente "mi roca", recibirá 50.000 libras esterlinas. Todo esto después de los impuestos, que alcanzan 8,5 millones de libras esterlinas.
El testamento, cuyas copias eran ansiadas por centenares de coleccionistas de recuerdos de Diana que hacían cola en Somerset House, contiene instrucciones precisas sobre, por ejemplo, el vestido blanco que usó para casarse con Carlos en 1981. Por voluntad expresa, el destino de esa magnífica prenda tendrá que estar relacionado con obras de beneficencia o bien quedar a exclusiva disposición de sus hijos. Aunque no es usual que se publiquen testamentos reales, el abogado Martyn Gowar dijo: "La familia ha llegado a la conclusión de que, en vista del gran interés público, éste era el paso adecuado, aunque sea sólo para que no exista la menor sugerencia de que se oculta alguna cosa bajo la alfombra o que no se han pagado debidamente los impuestos".
Ese gran interés público no va a dar tregua. Todo lo que tiene que ver con Diana, su vida, su muerte, su legado, estará durante mucho tiempo ligado a la palabra continuará.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1998