Bulgaria no existió. Argentina le dio ayer un repaso soberano, sin demasiado esfuerzo. Y Gabriel Batistuta, el gran goleador, se reivindicó. No es el delantero del Fiorentina del gusto de su técnico, Daniel Passarella, pero cada vez que juega se empeña en llevarle la contraria. Ayer protagonizó las mejores acciones, acaparó las ovaciones de la hinchada y dejó su sello personal: un gol. Nadie ha marcado más tantos en la selección que Batistuta. El de ayer, el que abrió el marcador, fue su gol número 37 con la albiceleste.
Para España el partido dejó un mensaje de esperanza. Bulgaria, uno de sus rivales en la primera fase del Mundial, decepcionó. Defendió mal y con excesiva violencia. Su centro del campo naufragó, especialmente por la zona en la que se movió Brujita Verón. Y no atacó.
Stoitchkov estuvo indolente y distraído, como si el partido no fuera con él. Sólo Zdravkov, el guardameta, salió de la cita con nota. Fue él el único responsable de que la derrota búlgara no fue ra mayor.
El partido fue de Batistuta. Firmó un gol de oportunista (l-0, m. 35), al cazar un rechace tras un tiro de Claudio López, con quien se entendió a la perfección. Batistuta, el futbolista más que rido por la afición argentina -ayer lo volvió a demostrar con permanentes ovaciones-, no es, sin embargo, uno de los preferidos de Passarella. Ambos, además, han tenido varios roces de licados. Y el seleccionador lo ha dejado fuera del equipo con in sistente frecuencia. Pero el goleador, cada vez que juega, se reí vindica.
Al lado de Batistuta, el valencianista Claudio López también cuajó un gran partido. Su endemoniada velocidad, que destrozo una y otra vez a la defensa búlgara, parece una de las armas más fiables de la escuadra argentina de cara al Mundial.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de marzo de 1998