Respuesta dirigida al señor Álvarez Fernández (Asturias). En su artículo Filósofos cristianos, publicado el 9 de junio, un jubilado de Pravia pide ayuda ante el vacío encontrado tras la búsqueda del sentido de su vida vivida. «Hace un par de años que me jubilaron. Ahora tenía tiempo para leer... Ninguno ha tomado la inocencia de los inocentes y la injusticia sufrida por los justos, el dolor de la muerte, la tragedia de las familias, para conjuntamente elevarlo a categoría».El señor Álvarez plantea la dualidad vencedor-vencido. La victoria de la guerra que escupe todas las miserias y holocaustos sobre la culpa del vencido; mientras los vencedores con sus copones de sangre y mentiras brindan y planean unos negocios de guerra. Esos vencedores, señor Álvarez, no lucharán ni reflexionarán «sobre las muertes de tantos inocentes víctimas de nuestra guerra civil».
La bestia de la guerra paga el silencio de filósofos conferenciantes, obispos figurantes, políticos brillantes, abogados insaciables, artistas comediantes, etcétera. Tienen la tapadera del poder y el dinero para la compra de miles y miles de ciudadanos obligados a defender a su amo.
La única respuesta de filósofos cristianos, judíos, musulmanes, hinduistas, se puede hallar en las raíces del hombre-tribu, en culturas aborígenes de todos los rincones de la Tierra, culturas de sabiduría: respeto a la madre naturaleza y amor al prójimo.
Hoy, al igual que ayer, vivimos la hipocresía de conferencias, encuentros, resoluciones, convenciones, centenarios..., maquillajes del sistema que nos domina. Nuestros ojos observan la destrucción del planeta Tierra y la multitud de pueblos en guerra. Masas explotadas y masacradas que preguntan, esperando respuesta de nuestra sociedad del bienestar. España va bien y el mundo sonríe, y al que diga lo contrario, leña al mono.
Mi respuesta, señor Álvarez, es la siguiente: «Guerra al que destruye la naturaleza y al ser humano». Necesitamos unirnos y declarar la lucha a la bestia que nos domina con sus premios y con el yugo del miedo. Será la única manera de dejar de filosofar. Siempre hacia la victoria.- .
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de junio de 1998