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Tribuna:

Himnos

A veces, comemos juntos los compañeros del colegio, y a los postres, si hemos bebido mucho, nos ponemos a cantar Venid y vamos todos con flores a María o Perdona a tu pueblo, Señor. Nos hace gracia recordar aquellos himnos, pero no dejamos de darnos cuenta del patetismo de la situación. Los camareros, todos muy jóvenes, nos conocen y hacen como que no nos oyen. Tal vez piensen que con la vida que hemos llevado no podemos dar más de sí.Los del Partido Comunista, en lugar de reunirse a comer, hacen congresos. Yo no sé si en los congresos se bebe tanto como en las comidas de antiguos alumnos, pero el otro día, a los postres del congreso, o de la comida, se pusieron a cantar La Internacional con el puño en alto. Por ahí andan las fotos. La verdad es que parecía que estaban cantando el Salve Regina o el Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Tenían gracia, pero hay que llevar muchas copas encima para animarse a montar esos números delante de la tele y de los fotógrafos.

Total, que no sabemos si el Partido Comunista es un verdadero partido o un grupo de antiguos alumnos con ganas de juerga y de entonar Montañas Nevadas, banderas al viento. Personalmente, estoy seguro de que a Anguita, con lo sentimental que es, se le eriza más el vello con Montañas Nevadas, el himno de Aznar, que con La Internacional, el del proletariado. De hecho, ha rendido al PP servicios inestimables durante su mandato. Parte de la responsabilidad de que hoy gobierne la derecha es suya. Recuerden ustedes, como botón de muestra nada más, lo que sucedió en Asturias. Pero a lo mejor es que estos chicos no quieren gobernar, sino hacer congresos, comer juntos y, ya con unas copas, cantar La Internacional. Uno los comprende, pero la próxima vez preferiría que entonaran Venid y vamos todos.

Gracias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de diciembre de 1998