Empezó en el teatro con Els Joglars, cuando las provocaciones del grupo granjeaban a su componentes más dolores de cabeza que reconocimientos. Conoció las mieles del éxito con la misma formación. Pero un accidente, durante uno de los trabajos con Els Joglars, le obligó a dar un giro radical a su vida. Una caída dejó a Gloria Rognoni en una silla de ruedas. Esta actriz y directora de teatro, que acaba de estrenar una obra en Barcelona, participó recientemente en Almería en unas jornadas sobre Mujer y Discapacidad organizadas por la asociación Verdiblanca. Pregunta. ¿Qué recuerdos tiene de su etapa en Els Joglars? Respuesta. Empecé con 17 años. No éramos profesionales y actúabamos cuando podíamos. Fue al año, tras participar en un festival internacional en Suiza cuando nos planteamos hacernos profesionales. Albert Boadella escogió a las cinco personas que más le interesaban y que queríamos ser profesionales. A partir de ahí los festivales fueron nuestro lanzamiento. Nos salieron actuaciones como para poder vivir del teatro. Els Joglars fue una escuela de vida. Era la época franquista y tocábamos mucho los límites. Hacíamos todas las trampas posibles para salvar la censura. Como entonces nuestras actuaciones eran sin texto, sólo gestuales, era algo más fácil. Pero teníamos muchos problemas. Quizás éramos un poco inconscientes, porque realmente jugábamos con fuego. P. Y de repente, el accidente. ¿Cómo afrontó esa situación? R. Me pilló con 30 años, en plena ebullición del grupo. Fue un cambio brutal. Al principio, sólo te preguntas por qué y por qué yo. Piensas que eso le pasa sólo a los demás. Pero el ser humano es sabio y tiene una gran capacidad de adaptabilidad. Sales adelante en situaciones que, si te las plantean antes de que te ocurran, te parecería imposible. De algún modo te sientes muy maduro y, a la vez, como un niño porque dependes para todo de los demás. Para mí fue como una especie de desdoblamiento. Junto a la desesperación, tienes momentos de gran serenidad. Todos los valores te cambian. Eso fue una experiencia apasionante. De pronto te sientes muy cerca de toda la gente que sufre en el mundo. P. ¿Cree que existe una conciencia real sobre las barreras arquitectónicas? R. No. Por ejemplo, los aparcamientos reservados para gente que va en silla de ruedas están ocupados muchas veces por otros que no tienen ninguna discapacidad. Pero ni siquiera existe concienciación en los ayuntamientos porque mucho de lo que hacen, lo hacen mal. P. También están las barreras psicológicas. R. Son las peores. Tú no sientes tu discapacidad, pero te la puede hacer sentir el entorno.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1998