"No es una retrospectiva, pero es mucho más que un homenaje". Así definen los organizadores de una exposición dedicada a Francisco de Goya y Lucientes la muestra dedicada al pintor aragonés. La titular de Educación y Cultura, Esperanza Aguirre, y dos ministras francesas inauguraron ayer la exposición que presenta telas del artista que no han sido exhibidas en el último siglo. Un total de 60 obras de Goya se exponen en Lille.
"No es una retrospectiva, pero es mucho más que un homenaje. Nos hubiese gustado poder reunir las 78 telas que estaban en el taller de Goya en el momento de la muerte de su esposa, pero eso es hoy imposible. En Lille mostramos un total de 60 obras del pintor aragonés y 12 de ellas corresponden a esa idea de los goyas de Goya, es decir, pinturas que guardaba para sí", según explica Arnauld Brejon de Lavergneey, uno de los tres comisarios de esta exposición que se celebra en una de las ciudades más importantes del norte de Francia.Nada menos que tres ministras -Esperanza Aguirre, por España; y Catherine Trautmann y Martine Aubry, por Francia- se encontraron ayer para inaugurar esta coproducción franco-americana -los cuadros viajarán a la ciudad estadounidense de Filadelfia en la primavera de 1999- puesta en pie con la ayuda española del Museo del Prado, del monasterio de San Joaquín y Santa Ana, de Valladolid, de varios coleccionistas privados y de museos estadounidenses, escoceses, de Irlanda, Hungría, Alemania o Francia. "Es también una oportunidad para trazar algunas nuevas vías de investigación", comentaba Manuela Mena, responsable de las pinturas españolas de XVIII del museo madrileño. "Por ejemplo, creo que sería interesante intentar reunir todos los cuadros religiosos de Goya, que son poco conocidos. Los que ahora se presentan aquí y vienen de Valladolid nos descubren un artista neoclásico, atento a la arquitectura del lugar y muy afectado por la muerte de su padre. Goya puede ser anticlerical a veces, pero nunca antirreligioso".
Lectura "moderadora"
Los tres comisarios insisten también en una lectura "moderadora" de Goya. Para Brejon de Lavergnee es "inimaginable que el pintor hubiese retratado a los reyes desde una voluntad de ridiculización" mientras que Manuela Mena defiende que "no hay la menor voluntad crítica en el retrato que hace de la reina María-Luisa en 1789. Yo no veo que haya nada de satírico en la imagen de esta mujer atractiva, quizás un poco mandona, pero que transmite ternura". Son opiniones difíciles de compartir. Más interesante es que Mena haya demostrado que el cuadro, repintado y corregido por el propio Goya en 1801 -el rostro permanece, cambian el tocado y el traje- es el original, el que sirve de modelo a todos los demás de la reina. Otra mujer, María Teresa de Vallabriga y Rozas, reaparece en Europa desde que su formidable retrato sobre madera fue subastado en Christie"s, en Nueva York, y adquirido por un millonario mexicano. "Es una obra muy influida por la escultura clásica romana", comenta Mena entusiasmada. La sucesión de retratos, entre ellos el formidable de Antonia Zárate, impresiona al visitante por su calidad y variedad mientras que las naturalezas muertas -unos pescados, unas chuletas, un pavo antes y después de ser desplumado- nos revelan un Goya más íntimo, que pinta por placer y que resulta misterioso.Para el Museo de Bellas Artes, de Lille, se trata de su primera gran exposición internacional desde su reapertura apenas hace dos años. Sus dos Goyas -Las jóvenes y Las viejas- abren y cierran el recorrido y el segundo de ellos, con una vieja desdentada coronada por la diadema de la reina María-Luisa cuando era joven, cuestiona la validez de la citada lectura "moderadora" y "no romántica".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1998