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DANZAMAL PELO

La nave de la locura

El ciclo Danza en diciembre, que organiza la sala Olimpia desde hace varios años, tiene este año un cierto carácter reflexivo y acuden a él compañías de tradición dentro de la danza contemporánea española.Comenzó la programación Teresa Nieto, y ahora le ha tocado a la compañía Mal Pelo, que dirigen Pep Ramis y María Muñoz; la nueva creación, Orache, es una historia de viajeros, una especie de paisaje móvil que cambia constantemente su punto de fuga.

La base es un elocuente y poético texto, muy bien dicho por el actor Ernesto Collado, que en algún momento llega a constituir un conmovedor dúo con Jordi Casanovas, un bailarín al que hemos visto desarrollar una brillante carrera personal hasta llegar al actual punto de madurez. El aparato escénico que ha traído en esta ocasión la compañía Mal Pelo es depuradísimo, y se basa fundamentalmente en un artilugio de madera desnuda que por momentos simula una nave a la deriva con su vela rota. Sobre ella y a su alrededor los artistas despliegan una serie de escenas donde se conjugan humor con violencia y drama con pasión.

La estética de Mal Pelo está clara y definida, pudiendo asegurarse que hay una manera adulta y convencida de enfrentar esos temas clásicos en su profundidad poética: el desgarramiento del viajero, el sentimiento de extrañeza ante el medio desconocido y, sobre todo, una reacción entre contrarios que sobre la escena es capaz de provocar verdaderas frases hermosas de baile.

La inclusión del texto en esta pieza es adecuada, no sobra para nada, e incluso, y esto es un raro caso, estimula al espectador a entrar en la médula del baile. Algo parecido sucede con la música de Steve Noble, que a veces toca el jazz fusión y otras se acerca a un más severo sonido contemporáneo y electrónico.

Ausencia

Se nota sobre la escena la ausencia de María Muñoz, aunque ha encontrado en las bailarinas del conjunto a unas hábiles mujeres que entienden su particular virtuosismo, tan lleno siempre de interioridad y profundas intenciones teatrales.Pep Ramis, por su parte, también ha madurado y aún sigue inspirando pasiones y ternura, como cuando se convierte en ese perro loco que aúlla mirando la luna.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1998