El ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, sostuvo ayer que existe una estrategia conjunta entre el PNV y Herri Batasuna para "doblegar la política antiterrorista" del Gobierno y atacarle a él personalmente. Mayor Oreja asistió al homenaje que los compañeros de José Luis Caso, el dil popular asesinado por ETA hace ahora un año, le tributaron en el cementerio de Irún.El ministro reiteró que la actual política penitenciaria no va a cambiar, pese a las presiones y las acusaciones de "inmovilismo", y rehusó confirmar si antes de que finalice este mes se producirá algún acercamiento de reclusos, ya que el Gobierno no ha decidido nada al respecto. Mayor Oreja rechazó que haya diferencias entre él y el presidente del Gobierno, José María Aznar, respecto a la política penitenciaria ya que, dijo, el jefe del Ejecutivo está asumiendo "muy personalmente" ese asunto. La única novedad, según el ministro, respecto al proceso de pacificación sigue siendo la autorización de contactos indagatorios sobre la auténtica voluntad de ETA de abandonar la violencia. Mayor mostró su deseo de que en el proceso de pacificación "el monotema no sean los presos y que algunos de éstos se acojan a la reinserción y que los reclusos de ETA dejen de ser un tema permanente".
El ministro se refirió a recientes declaraciones tanto del portavoz de HB, Arnaldo Otegi, como del lehendakari en funciones, José Antonio Ardanza, en las que ambos acusaban al PP de mantener "posturas inmovilistas", manifestaciones que , a su juicio, no llegan por casualidad, sino que son resultado del Acuerdo de Estella. "Alrededor de ese pacto hay una estrategia que se traduce en un frente nacionalista y eso se va mostrando de forma cotidiana", indicó. El ministro aseguró que había un "ataque especial" hacia su persona fraguado en Estella y que los ataques no son casuales, aunque "pinchan en hueso, ya que si por algo se ha caracterizado el Gobierno de Aznar es por su cohesión".
Mayor aludió a los últimos actos de violencia en Euskadi y Navarra para decir que ésta proviene de "la cultura de personas como Otegi, que han hecho de la intolerancia y de la falta de respeto a los demás su norma de conducta". Agregó que es difícil que esa violencia desaparezca de un día para otro: "No va desaparecer y no creo que nadie crea en un milagro de ese tipo". Y añadió que nadie cree que "la violencia terrorista sea fruto de la casualidad", sino de cierta cultura.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1998