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EL 'CASO PINOCHET'

El ex dictador defiende su régimen sin un atisbo de arrepentimiento en su 'testamento político'

Ni un atisbo de arrepentimiento. Ni una palabra sobre las violaciones de derechos humanos. Ni una sola mención a la palabra culpa. Augusto Pinochet mantiene su característica altanería, se declara víctima de una confabulación, reivindica el sangriento golpe de Estado que encabezó el 11 de septiembre de 1973 y defiende sin ambajes el régimen que durante 17 años sojuzgó a los chilenos. Así se expresa el ex general en una extensa Carta a los chilenos, difundida ayer con solemnidad por sus seguidores en Santiago y presentada como una especie de testamento político del dictador desde su destierro.

Casi a la misma hora en que por primera vez en su vida Pinochet comparecía ante un juez, en la capital chilena veía la luz el esperado documento de 13 páginas firmado por el senador vitalicio, en el que afirma que es inocente y confiesa estar viviendo "la experiencia más dura e injusta" de su vida. El ex dictador asume en buena parte del texto el papel de víctima de la incomprensión: "Soy falsamente juzgado en numerosos países europeos, en una operación dirigida por quienes se dicen mis enemigos, sin que exista por lo mismo la más remota posibilidad de que quienes me prejuzgan y condenan lleguen a comprender nuestra historia y a entender el espíritu de lo que hicimos". Y agrega: "Soy absolutamente inocente de todos los crímenes y de los hechos que irracionalmente se me imputan. Sin embargo, temo que quienes lo hacen nunca estuvieron ni estarán dispuestos a darme la razón y aceptar la verdad". La carta descalifica la acción de la justicia en estos términos: "He sido objeto de una maquinación político-judicial, artera y cobarde, que no tiene ningún valor moral. Mientras en este continente, y específicamente en los países que me condenan mediante juicios espurios, el comunismo ha asesinado a muchos millones de seres humanos durante este siglo, a mí se me persigue por haberlo derrotado en Chile".El comunismo, auténtico demonio para la dictadura pinochetista, es descrito en el documento como la causa de todos los males que aquejan al mundo y, especialmente, a la persona de Augusto Pinochet: "Quienes provocaron esos males, quienes dispusieron en nuestros países de armas y financiamiento soviéticos para realizarlos, quienes promovieron y predicaron a nuestros pueblos la siniestra ideología del socialismo marxista, son los que se levantan hoy como mis jueces".

Pinochet defiende, orgulloso, su obra "como soldado y como gobernante" durante los 17 años de tiranía, y justifica su actuación como líder del golpe militar que derrocó a un Gobierno elegido en las urnas y puso fin a la vida del presidente Salvador Allende. "Nadie puede desconocer hoy que el 11 de septiembre abrió caminos de esperanza y de oportunidades para todos, que sólo depende de los chilenos conservarlos", afirma la carta.

De la rebelión militar, Pinochet da su particular interpretación: "Las Fuerzas Armadas y de orden no destruyeron una democracia ejemplar, ni interrumpieron un proceso de desarrollo y de bienestar, ni era Chile en ese momento un modelo de libertad y de justicia. Todo se había destruido y los hombres de armas actuamos como reserva moral de un país que se desintegraba en manos de quienes lo querían someter a la órbita soviética".

Para Pinochet el dilema era: "O vencía la concepción cristiana occidental de la existencia, para que primara en el mundo el respeto a la dignidad humana y la vigencia de los valores fundamentales de nuestra civilización, o se imponía la visión materialista y atea del hombre y la sociedad, con un sistema implacablemente opresor de sus libertades y sus derechos".

A sus compatriotas, el ex general les alienta: "No os desaniméis ni rindáis nunca ante las adversidades y el infortunio... Ojalá superemos pronto nuestra actual condición de país débil, pequeño y lejano, para que nunca más un chileno, cualquiera sea su condición, vuelva a sufrir las vejaciones y las humillaciones que hoy sufro, precisamente porque no tenemos fuerza en el concierto de las naciones para hacernos respetar". Y a sus compañeros de armas transmite su agradecimiento: "Quiero expresarles a mis camaradas uniformados y en particular a los del Ejército, mi disposición, mi confianza y profundo reconocimiento por su forma de actuar en estas difíciles circunstancias". Diversas fuentes consultadas coincidieron que la carta fue redactada por un equipo de estrechos colaboradores del ex dictador, entre los que se encuentra Pablo Longueira, presidente del partido derechista Unión Demócrata Independiente (UDI), y Carlos Cáceres, último ministro del Interior de la dictadura y autor de la lectura pública del documento efectuada ayer en la sede de la Fundación Pinochet.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1998

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