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Pocos progresos en la política de empleo y grandes inversiones

Mucho ruido. Retóricos, los Quince se cansaron ayer de repetir que la lucha contra el paro es "la gran prioridad" de la Unión. Pero pocas nueces. Apenas alumbraron nuevas ideas. Acogieron con calor la declaración franco-alemana que propone imponer objetivos cifrados a la reducción del desempleo y ejercer controles sobre su cumplimiento, pero aplazaron su concreción. E hicieron lo mismo con una propuesta de la Comisión para relanzar la inversión pública en infraestructuras.El giro de la política económica desde el control de la inflación y el déficit hacia el estímulo del crecimiento y el empleo que tanto vocean los líderes, especialmente los socialistas, registró ayer un pequeño avance. Pero el paso fue de tortuga. Tras aprobar los planes nacionales de empleo, los Quince aceptaron discutir la propuesta del canciller alemán, Gerhard Schröder, y el presidente francés, Jacques Chirac, de fijar a partir de ahora "objetivos obligatorios y verificables" a esos planes anuales, "en primer lugar" a la reducción del paro de los jóvenes y de los desempleados de larga duración.

Es lo que la Comisión y el Gobierno de Jospin propusieron, pero que el excanciller Helmut Kohl tumbó, con apoyo del español José María Aznar, en la cumbre de Luxemburgo de noviembre de 1997. La idea resucita. Parece discreta, pero es de calado. ¿Por qué? Porque hasta ahora los Gobiernos sólo se habían comprometido -a excepción del español, aunque luego se ha sumado al carro- a ofrecer una reinserción, fuese formativa o laboral, a los jóvenes, cuantificando el número de beneficiarios. Ahora se pretende tener resultados más exigentes en la reducción del número de parados.

Ambición humana

Todavía más, a dar cuenta de los resultados y sujetarse a controles. Pero de momento sólo es una idea bien acogida. "Europa debe demostrar su ambición humana y social", declaró, enfático, Chirac. "Fijarse un objetivo cuantificado introduce una nueva dimensión en el proceso de Luxemburgo", añadió el comisario de Asuntos Monetarios, Yves-Thibault de Silguy. Tienen razón. Pero el propósito aún no está amarrado. Los ministros deberán discutir su traducción en una norma práctica.Muchos temen que pronto aparezcan las rebajas, porque algunos protagonistas consideraron que apenas había nuevas apuestas. Así, para el español Rodrigo Rato, la declaración franco-germana sólo tiene el valor simbólico de "resaltar la importancia política" del empleo, y la hispano-británica sirve para "subrayar la necesidad de reformas constantes", algo que "ya figuraba en las conclusiones de Luxemburgo". O sea, ningún avance. Rato apoyó su escepticismo sobre los compromisos futuros en la seguridad que le brindan los buenos resultados españoles -superiores a la media europea- en creación de empleo: 450.000 nuevos puestos en un año (un 80%, fijos); aumento de la dotación para políticas activas en un 60%; traslación del crecimiento económico en un 90%, al empleo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1998