Bill Clinton, en un desesperado intento para detener el proceso que puede culminar con su destitución, compareció anoche ante sus compatriotas para pedir de nuevo perdón por el caso Lewinsky y aceptar que debe pagar "consecuencias públicas" por sus actos. Reconoció haber "engañado al Congreso y al pueblo norteamericano" y dijo estar dispuesto a aceptar la censura del Legislativo. Minutos después, el comité de Asuntos Judiciales votó el primer cargo de impeachment que acusa a Clinton de perjurio en su declaración televisada de agosto ante el gran jurado orquestado por Kenneth Starr, al volver a negar que sus relaciones con Monica Lewinsky fueran de naturaleza sexual. Horas después fueron votados otros dos cargos más.
El primero de ellos, aprobado con los votos a favor de los 21 republicanos y los votos en contra de los 16 demócratas, es el que tiene más probabilidades de ser aprobado por el pleno de la Cámara de Representantes, que se reunirá en sesión extraordinaria el próximo jueves para decidir el futuro del presidente. Acusa a Clinton de ofrecer "un testimonio perjuro, engañoso y falso" ante un gran jurado federal en una investigación criminal.Dos horas después, ya en la madrugada española de hoy, el comité votó un segundo artículo de impeachment, por perjurio cometido ante los abogados de Paula Jones en enero. Esta vez, un republicano se sumó a los demócratas y la votación fue de 20 a favor y 17 en contra. Posteriormente se aprobó el tercer cargo, en este caso por trabas a la acción de la justicia, que de nuevo votaron los 21 republicanos, mientras lo hacían en contra los 16 demócratas.
Para EEUU la de ayer fue una jornada triste, dramática e histórica. Por tercera vez en los 222 años de historia independiente de Estados Unidos, el comité de Asuntos Judiciales recomendó al pleno de la Cámara de Representantes el impeachment o procesamiento para su destitución del presidente. El apasionado debate entre la mayoría republicana del comité, firme partidaria del impeachment de Bill Clinton por el caso Lewinsky, y la minoría demócrata, que proponía una fuerte censura, continuaba esta madrugada en la misma sala en la que se selló hace un cuarto de siglo el destino de Richard Nixon. Antes del comienzo de la sesión de ayer del comité no cabía la menor duda, dada la correlación de fuerzas, de que el comité concluiría proponiendo que el pleno de la Cámara vote la próxima semana el procesamiento de Clinton. Al cierre de esta edición, el comité discutía las últimas dos acusaciones contra el presidente: las de obstrucción de la justicia y abuso de poder.
Agenda apretada
Por la mañana, Clinton se reunió con presidentes centroamericanos en la Casa Blanca y preparó el histórico viaje que hoy efectuará a los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania. Pero también estudió la posibilidad de dirigirse a la nación, en un intento desesperado por frenar el proceso de impeachment y reforzar a los congresistas demócratas que intentan convencer a los republicanos moderados del pleno de la Cámara para que la semana próxima rompan la disciplina de partido y se pronuncien a favor de la censura. A las cuatro de la tarde (las diez de la noche hora peninsular española), Clinton dio el paso. "Quiero que el pueblo norteamericano y el Congreso sepan que estoy profundamente arrepentido por todo lo que hecho. Nunca debería haber engañado al Congreso, al país, a mi familia, a mis amigos. Las consecuencias públicas de mis actos están en manos del pueblo norteamericano y sus representantes en el Congreso. Si deciden que mis errores de palabra y obra requieren su rechazo y censura, estoy dispuesto a aceptarlo". "Mis palabras", prosiguió Clinton con tristeza y resignación, "no pueden expresar el profundo remordimiento que siento por lo que estoy haciendo pasar al país y al Congreso. Estoy dispuesto a aceptar las consecuencias públicas de mis actos, pero por dolorosa que sea la condena que me imponga el Congreso palidecerá en comparación al daño que he causado a mi familia. No hay mayor agonía". Clinton, según fuentes de la Casa Blanca, no quiso hacer la declaración en el Despacho Oval, el marco habitual de este tipo de mensajes solemnes al pueblo, por los recuerdos de su relación con Monica Lewinsky que ello hubiera traído. El despacho presidencial fue el escenario de las relaciones sexuales entre Clinton y la entonces becaria de la Casa Blanca.Las discusiones en el comité de Asuntos Judiciales, retransmitidas en directo y de modo íntegro por todas las cadenas televisivas, combinaban pasión con humor y cortesía parlamentaria. "Clinton", dijo el republicano Steve Chabot, "ha deshonrado el cargo sagrado de presidente y retirárselo es el único modo de abordar sus actos ilegales y carentes de ética". Le replicó el demócrata William Delahunt, para el que "el comportamiento pecaminoso y engañoso" de Clinton en "un asunto privado" no merece la destitución". Cuando establecieron el concepto de "serios crímenes y fechorías" como base del impeachment", dijo Delahunt, "los padres fundadores de este país estaban pensando en situaciones en las que el presidente supone un peligro para la nación. Es el equivalente político de la pena de muerte y nosotros no deberíamos emplear esa sanción suprema si tenemos a mano otra alternativa".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1998