Utilizo a diario el tren de cercanías de la línea C-3 (Atocha- Aranjuez), en diversas franjas horarias (puntas o no), y deseo poner de manifiesto la incómoda situación que soportamos sus usuarios desde hace ya algún tiempo. La media de frecuencia de paso de los trenes que prestan su servicio en la línea C-3 es de 24 minutos, transitando en la mayor parte del día cada media hora, intervalos insuficientes para dar completa satisfacción a la creciente demanda de viajeros en esta línea. Lo más grave e incomprensible es que, además, casi todos los trenes son de simple composición (tres vagones), a diferencia de la mayoría de las otras líneas de cercanías. Es éste el elemento que más cuesta entender. Desde la perspectiva del usuario, no se antoja difícil ni sumamente costoso enganchar una nueva unidad a los trenes que ya circulan, y como primera solución reportaría un beneficio rápido e importante a los viajeros.El resultado son esperas interminables, viajes nada confortables, viajeros de pie, hacinados, enfados recurrentes...; en definitiva, malestar generalizado.
Al menos, la puntualidad es notable, pero no es sólo este factor cualifica el servicio. La abundante publicidad que recibimos del magnífico servicio público que presta la red de trenes de Cercanías, los afinados eslóganes "¿Cuánto hace que no sube al tren?, si quiere ver los coches venga a la carretera de Colmenar, etcétera", sólo sirven a los usuarios de la línea C-3 para ironizar y amenizar su desencanto durante los fastidiosos minutos que pasan a diario en el tren.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1998