Patriotismos de tela o de papel. El alcalde de San Sebastián, proclamando, a los cuatro vientos, que los hinchas vascos arbolaban la bandera del equipo donostiarra. ¿No era la ikurriña atada a sus cinturas? El presidente del Atlético de Madrid, manifestando, en pijama trasnochado, tener controlados a los desalmados. ¿No era su bandera española la que ondeaban al viento? ¿Con qué derecho se adueñan, unos y otros, de estandartes que ni son suyos ni son sayos? Con las navajas, mejor desgarrar banderas que ya no tienen corazón. Como Aitor.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1998