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Se ofrece pintor con discapacidad

Jon tiene 20 años y sufre de, como el mismo explica haciéndose un lío con la palabreja, "encefalopatía postsarampionosa". La común enfermedad del sarampión estuvo a punto de acabar con él, pero se quedó aquí, aunque con secuelas. Él es uno de los 25 minusválidos psíquicos y sensoriales que ocuparán la primera Casa de Oficios abierta en España para personas con discapacidad. El Ayuntamiento de Mungía ha cedido para esta iniciativa, promovida por la Fundación Lantegi Batuak y financiada en un 72% por el Inem, el edificio del antiguo mercado. En esta instalación, en la que se han respetado los huecos de los puestos de venta a la hora de remodelarlo, los jóvenes aprenderán este año pintura industrial. El coste total del proyecto asciende a 45 millones de pesetas, de los que 32 los aporta el Inem; ocho, Lantegi Batuak, y cerca de cinco millones, diferentes instituciones. Los seis primeros meses están dedicados a su formación en la Casa de Oficios. Protegidos por monos azules, aprenderán la técnica. El último medio año se simultaneará la enseñanza con la ocupación y aplicarán lo aprendido en los siete municipios vizcaínos que han apoyado este proyecto: Mungia, Etxebarri, Igorre, Durango, Bakio, Sopelana y Ermua. El trabajo consistirá en pintura interior y exterior de edificios municipales, mantenimiento de mobiliario urbano y realización de marcas viales. En esta segunda fase cobrarán el 75% del Salario Mínimo Interprofesional. El mercado laboral A Jon le hubiera gustado más que le enseñaran informática -"me vuelven loco los ordenadores", dice-, pero por ahora no va a ser posible. Rafa Ugalde, de 23 años y sordo de nacimiento, ha soñado toda su vida con ser deportista. Ambos, sin embargo, están muy ilusionados con esta oportunidad. Y los dos están seguros de que encontrarán un trabajo al finalizar el año de capacitación. "No me da miedo el mercado laboral", afirma Ugalde. Como dijo el subdelegado del Gobierno en Vizcaya, Eugenio Burgos, en la presentación: "En el mundo laboral os vais a encontrar con personas que están en mejor situación de partida que vosotros, pero la experiencia demuestra que quien lo tiene fácil se duerme en los laureles. Y los que tienen más dificultades se acaban comiendo la tostada". El que, por todos los indicios se comerá a cualquier capacitado es Óscar Campos, de 19 años, y sordo a causa de una meningitis que sufrió con tres meses. Él ya está trabajando como profesor de lenguaje de signos en la Agrupación de Sordos de la Margen Izquierda. "Me encanta enseñar a los niños", afirma. De hecho, enseñó a su hermano menor, el único de su familia que ha aprendido esta forma de comunicarse con él. Óscar llevó un aparato para el oído hasta hace unos tres años en que decidió prescindir de él. "Oía ruidos, algo de música, que me emocionaba, pero me daba dolor de cabeza", explica. Ahora sólo se lo pone para escuchar música. Durante este año, Óscar hará doblete entre su labor de maestro y el aprendizaje como pintor industrial. "Tendré que ir corriendo de un lado a otro, pero por suerte los horarios no coinciden", dice, moviendo muy rápido las manos como si realmente corriera con ellas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1998