El verdugo de Tejas tendrá que esperar al menos 30 días para administrarle la inyección letal al canadiense Stanley Faulder, uno de los seis reclusos cuya ejecución ha sido programada este mes en la prisión de Huntsville por el Estado de la Estrella Solitaria. En la madrugada de ayer, el Tribunal Supremo de Estados Unidos aplazó la ejecución del canadiense minutos antes de que se llevara a cabo, con el argumento de que necesita más tiempo para estudiar sus reclamaciones. Pero el Supremo precisó que entre las que pueden estar fundadas no figura la de que Tejas violó la Convención Internacional de Viena al no informar a las autoridades consulares de Canadá de la detención y juicio por asesinato de Faulder.La secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, envió hace unos días una carta a George Bush, hijo del ex presidente de ese mismo nombre, gobernador de Tejas y hoy por hoy principal aspirante republicano a la Casa Blanca, en la que le pedía que utilizara sus prerrogativas para aplazar la ejecución del ciudadano canadiense. Albright argumentó que la falta de respeto a la Convención de Viena, firmada por Estados Unidos, pone en peligro la asistencia consular a la que tienen derecho los norteamericanos detenidos en el extranjero. Pero Bush fue insensible a esa demanda, como a la petición de clemencia efectuada por el Gobierno de Canadá. "Yo", dijo Bush, "he sido elegido para aplicar las leyes de Tejas, con independencia de la nacionalidad de la persona implicada, y los tejanos están a favor de la pena de muerte. Nadie puede venir a nuestro Estado y asesinar a alguien a sangre fría".
Faulder, de 61 años, está condenado a muerte como autor confeso del asesinato con un cuchillo de carnicero de Inez Phillips, de 75 años, durante un intento de robo en la residencia de la víctima en Gladewater (Tejas) en 1975. Phillips era la matriarca de una conocida familia de la aristocracia petrolera de Tejas. Faulder es el primer canadiense que tiene cita con un verdugo norteamericano desde 1952.
La noticia del aplazamiento de la ejecución por el Tribunal Supremo llegó a la prisión de Huntsville un cuarto de hora antes del momento previsto para que el recluso recibiera la inyección letal. Sandra Babcock, la abogada del condenado, expresó su alegría por la noticia, pero calificó de "abominable" la tardanza con la que llegó. "Mi cliente", dijo, "ya se había despedido de todo el mundo y se daba por muerto".
Como es habitual en Estados Unidos y ha sido denunciado por numerosos Gobiernos, la policía de Tejas no informó al canadiense en el momento de su detención de que tenía derecho a entrar en contacto con los representantes consulares de su país y solicitarles ayuda para su defensa. Según Miguel Díaz Pache, cónsul español en Miami, lo mismo le ocurrió a Joaquín José Martínez, el español condenado a muerte en Florida. Martínez espera ahora en el corredor de la muerte de la prisión de Stark el resultado de su apelación ante el Tribunal Supremo de Florida.
En los corredores de la muerte de EE UU hay 73 extranjeros de 24 nacionalidades diferentes. Según un estudio de Amnistía Internacional, sólo tres de ellos fueron informados por la policía de que, de acuerdo con el artículo 36 de la Convención de Viena, tenían derecho a asistencia consular. La policía de Tejas afirma que, en el momento de la detención, no supo que Faulder era extranjero, porque llevaba un carné de conducir norteamericano. Ese argumento, sin embargo, parece falaz al Gobierno canadiense.
El caso Faulder ha provocado una gran movilización popular en el vecino septentrional de Estados Unidos, que abolió la pena de muerte en 1976. Una delegación canadiense ha viajado esta semana a Tejas para presionar en contra de la ejecución. El hecho de que Canadá sea un estrecho aliado político y socio económico de Estados Unidos también ha conseguido que este caso despierte una mayor atención que otros semejantes.
Desde que restableció en 1982 la pena de muerte en su territorio, Tejas ha ajusticiado a 165 personas, convirtiéndose en el Estado norteamericano que más trabajo ofrece al verdugo. El gobernador Bush consiguió fama internacional en enero pasado al negar a la reclusa Karla Faye Tucker la clemencia que solicitaban millones de personas de todo el mundo, incluido el papa Juan Pablo II.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1998