Juan Luis Galiardo, Carmen Conesa y Luis Perezagua presentaron ayer en Bilbao Las últimas lunas, un montaje "sobre sentimientos", según dijo Galiardo. La obra, adaptada por Rafael Azcona sobre un texto del italiano Furio Bordon, muestra las reflexiones de un hombre que se enfrenta a la vejez y al asilo al que quiere enviarle su hijo. Las últimas lunas ha tenido una excelente acogida en todas las ciudades donde se ha representado. Sin embargo, los tres actores aseguran temer sus seis funciones en el teatro Arriaga, "quizá la plaza más importante de España".
"Esta función dignifica mi oficio. Una vez hecho esto, yo ya me puedo morir. Despúes de esta obra, yo ya me he perdonado", aseguró ayer en Bilbao Juan Luis Galiardo, durante una rueda de prensa que fue, como el propio actor calificó, "una catarsis personal", la exposición de las ilusiones y los miedos de este intérprete maduro y consagrado que se considera "un actor promesa". En un juego de ironía y cinismo, Galiardo acaparó la presentación de Las últimas lunas ante su puesta en escena en la capital vizcaína. Habló de su papel, el de un padre anciano a las puertas del asilo, del reto de haber triunfado con el montaje de una obra "en la que nadie creía", del mundo del espectáculo en general y hasta de los oscars. "Del 33% español de la producción de Tango, yo soy el 11%. Aún no he podido hablar con Carlos [Saura] y no puedo saber por qué decidió no acudir a la ceremonia, pero estoy seguro de que es una decisión inteligente", comentó. De Las últimas lunas, los tres actores coincidieron en afirmar que se trata de "un texto bellísimo que conmueve, emociona y divierte" al espectador. "Es un espectáculo de teatro en el que lo que importa es la palabra, el teatro en estado puro", dijo Luis Perezagua, quien interpreta al hijo que se ha ido distanciando de su padre con el tiempo. "E importa el sentimiento", apostilló Galiardo. "La gente de ahora no quiere sentir, tiene miedo de que si siente corre el peligro de que le duela. Y si le duele puede llegar a convertirse en un ser humano. Porque el dolor es lo que nos coloca en otra dimensión". "La obra es un discurso sobre el camino a la vejez", indicó Conesa, cuyo personaje es un fantasma, el de la esposa de Galiardo muerta años antes y a quien él recurre en su angustiosa espera de que su hijo le ingrese en la residencia de ancianos. "En esta sociedad actual hay una tendencia a olvidar a la gente cuanto antes mejor. Nos perdemos por el culto a la belleza, a lo bonito", comentó Perezagua. Por eso, por tratar de la vejez, Las últimas lunas no tuvo un buen comienzo. "Me decían que hiciera una comedia, que a la gente no quiere oír hablar de esto", recordó Galiardo. Sin embargo, él siguió adelante y, desde que se estrenó en septiembre de 1998, el público le ha dado la razón. "Esta obra se ha hecho con el dolor de ir a la contra, que es en definitiva el gusto de vivir", apunta Galiardo. Las últimas lunas, que acaba de representarse en Elorrio y Eibar, llega hoy al teatro Principal de Vitoria y desde mañana hasta el domingo 28 se podrá ver en el Arriaga de Bilbao.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de marzo de 1999