Se presentó, por primera vez en la historia, el Festival del Cante de las Minas en Castilla y León. El público de Salamanca lo desconocía, ciertamente, creo que en su mayor parte desconocía el flamenco, y fue no sólo un descubrimiento, sino también el encuentro con un arte que sorprendió por su belleza y su enorme dignidad.Hay que decir que el programa fue redondo, perfecto. Jimeno hizo en solitario, y con ejemplar sobriedad, tres toques difíciles en los que puso jondura y sentimiento: tarantas, malagueña con verdial y alegrías.
En el cante Maite Martín, acompañada por la estupenda guitarra de Chicuelo, fue una vez más esa cantaora que transmite grandeza y dominio. Nunca se alivia, aunque en la elaboración de los cantes añada con frecuencia complejidad y rigor donde antes no los había. La casi olvidada cabal del Pena, por ejemplo, de la que nos ofreció una bellísima versión muy superior sin duda a la original. La petenera, en la que no pone el desgarro de la Niña de los Peines porque ése no es su temperamento cantaor, pero que a cambio enriquece con matices y tonalidades absolutamente admirables.
Gala del Festival Cante de las Minas
Guitarra en concierto. Francisco Javier Gimeno. Cante: Maite Martín con el toque de Chicuelo. Baile: Milagros Mengíbar con el cante de Juan Reina y Manolo Sevilla. Salamanca, Teatro de Caja Duero, 4 de junio.
Y Milagros Mengíbar deslumbró con su baile. El baile de las antiguas reinas del tablao, con bata de cola y señorío. En las siguiriyas Milagros está volviendo a integrar en el baile a los cantaores, sin que éstos, que son extraordinarios, se excedan en ningún momento, sino al contrario, se mantienen en el deseado equilibrio existente entre el dramatismo del cante y el imperativo de secundar las evoluciones de la bailaora. Una bailaora, repitámoslo, que en Salamanca deslumbró, porque es una de las que hoy pisan los escenarios que puede ofrecer un arte más verdadero. En las alegrías puso esa gracia y ese donaire en que las bailaoras sevillanas son auténticas maestras.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 1999