Las mujeres policía en Brasil se hallan cada vez más cerca de la línea del frente, en las misiones más delicadas del mundo de la criminalidad, lo que está hacienco cambiar el rostro de una de las instituciones más desprestigiadas y temidas de este país.El brasileño es un pueblo pacífico por cromosomas, tolerante con todos los credos y todas las razas. Poco tiene que ver con el amor por la guerra ni por la violencia. Si acaso se le acusa de ser a veces excesivamente pasivo ante la injusticia que lo agarrota. Sin embargo, su policía es temible. Los ciudadanos tienen más miedo de toparse con los agentes que con los bandidos. Éstos, dicen, se matan entre ellos, pero la policía dispara en medio de la calle y a matar.
Cuando en la Policía empezaron a entrar los Evangélicos, se pensó que los agentes que se adherían a ese credo cristiano podrían humanizarse. Pero no fue así. Cuando trabajan siguen tan duros como antes afirmando que ahora lo hacen "porque Dios lo quiere".
Son las mujeres policía las que están abriendo una esperanza. Sobretodo porque ahora eligen los puestos más cercanos al crimen y a la violencia, tras abandonar los puestos burocráticos o las delegaciones para mujeres. Monique Vidal, por ejemplo, va a dirigir la conflictiva delegación de robos de automóviles en Río, lo que supone encararse con una de las bandas más peligrosas y agresivas.
Otra policía de Sao Paulo, tras haber sido entrenada en los Estados Unidos con el apoyo de la ONU, se va a hacer cargo de la seguridad de los testigos contra los criminales. Y en el Estado de Paraná, una mujer, Marcia Rejane Braga, se ha preparado para intervenir en casos de secuestros de aviones o de personas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 1999