Rocío y José están divorciados. Acabaron francamente mal, pero comparten una hija de seis años. Rocío tiene la custodia, y José tiene derecho a pasar un fin de semana con su hija cada quince días. Pero rara vez lo consigue sin que medie una denuncia.Estos conflictos, y muchos otros, son los que se trata de evitar con los puntos de encuentro para padres separados e hijos que ya están funcionando en Valladolid, Barcelona y, desde ayer, también en Málaga.
Este tipo de centros se utilizan desde hace años en muchos países europeos, Canadá, Estados Unidos y Australia. Los padres que tienen la custodia depositan allí a los hijos para las visitas de fin de semana del otro progenitor. También ofrecen un espacio para que los padres y madres que no disponen de un lugar adecuado para estar con sus hijos, o que por circunstancias especiales no puedan seguir un régimen normal de visitas, estén con ellos. Cada punto de encuentro tiene su propia idiosincrasia: Los de Valladolid y Barcelona están situados en pisos, mientras que en Málaga se ha utilizado una céntrica guardería municipal. El punto de Málaga es público, aunque lo gestiona la asociación Mujeres Siglo XXII; el de Valladolid está vinculado a la Asociación de Protección del Menor, y el de Barcelona depende de la obra social de La Caixa.
Todos tienen características en común: la presencia de trabajadores especializados (psicólogos, educadores y trabajadores sociales) y el respaldo de los juzgados de familia, verdaderos impulsores de la medida.
En el caso de Málaga, los jueces solicitaron el centro al Ayuntamiento porque en 1998 se detectaron 200 casos en que había dificultades para cumplir el régimen de visitas. Este fin de semana, algunas familias estrenarán los puntos de encuentro. "Hay casos en los que el cumplir el régimen de visitas presenta muchas dificultades", señala el juez de Málaga José Luis Utrera. "Por ejemplo, si tenemos a un padre o una madre acusados de abusar sexualmente o maltratar a sus hijos, las visitas tienen que ser tuteladas, pero no se pueden interrumpir, porque si tres años después la persona sale absuelta, se le ha privado injustamente de sus hijos durante varios años".
El personal de los centros garantiza que cada visita se desarrolle con normalidad, y después informa al juzgado de su resultado. En cualquier caso, se toma nota de la puntualidad con la que padres e hijos llegan al centro, de las reacciones de los menores al contacto con sus padres y de cualquier otra incidencia.
"En realidad, estos centros son como hospitales. Se busca que algún día padres e hijos puedan tener el alta y verse normalmente", explica Mariví Romero, concejala de Asuntos Sociales de Málaga, y añade: "Estamos ofreciendo un territorio verdaderamente neutral para normalizar las relaciones".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 1999