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Tribuna:

Cambios electorales

VICENT FRANCH A pesar del aumento de la abstención en las recientes A99 (un 8,35% más que en las A95) el PP cosechó 71.191 votos más en estas elecciones en la Comunidad Valenciana. Pero del análisis detallado de la distribución territorial del voto se deduce que habrían ocurrido fenómenos que quizás dan a entender que estas autonómicas marcan el punto de inflexión del comportamiento de los electores del conjunto del centro-derecha. Si es cierto que en la serie de elecciones que se han sucedido desde las constituyentes del 77 podemos decir que se habría detectado un comportamiento en cierto modo desacompasado entre las grandes ciudades y las medianas y pequeñas, entre las áreas metropolitanas y los minifundios electorales (casi 200 municipios tienen un censo menor de 500 electores, algo más de 300 del total no superan los 1.500 votantes, y, en fin, unos pocos grandes suman un buen pellizco del total del censo), en estas se corrobora lo que podríamos denominar desfase entre el voto urbano y el rural, en el sentido de que el voto rural reacciona decantándose hacia el voto gubernamental sólo cuando percibe que el gobierno está consolidado, es decir, después del triunfo en las grandes ciudades. Si en las municipales del 91 las grandes ciudades valencianas dieron un espectacular giro hacia el centro-derecha -que en elecciones posteriores se daría en ciudades medias y pequeñas-, en estas A99 parece haberse estancado el voto gubernamental en esas mismas ciudades, ocurriendo lo que entonces afectó al PSOE, y que de seguir las mismas pautas significaría el punto más alto de la hegemonía del PP, a partir del cual, en comicios por venir irá descendiendo el porcentaje y los votos del conjunto del centro-derecha para asistir a una recuperación del voto a opciones de centro-izquierda o izquierda. En las A99, el PP tuvo ligeras pérdidas en Castellón y Valencia, y perdió 10.000 votos en Alicante, poniendo de manifiesto que a pesar de la notable fidelidad del voto del 95, en esas y en otras grandes ciudades las ganancias, o fueron mínimas o hubo pérdidas. Sin embargo, si nos fijamos en aquellas zonas o comarcas donde el PP obtuvo notables mejores resultados que en el 95 (a pesar del aumento de la abstención), nos encontramos, en primer lugar, los ámbitos donde la competencia con UV era mayor, es decir, donde ésta tenía aún sus mejores resultados. Así, el crecimiento en las Ribera Alta y Baixa, en el Camp de Túria, en L"Horta Nord, en L"Horta Sud, en La Safor, en la Marina Alta y, en menor medida, en otras comarcas de la geografía del taronger procede de las pérdidas de UV, mientras que en el resto de comarcas donde crece el PP la causa está en el vuelco del electorado hacia él en los pueblos pequeños y medianos del interior valenciano. El cotejo detallado del aumento de voto popular en más de 400 municipios del País Valenciano da a entender que esos yacimientos que votan con cierto desfase ya habrían identificado al PP como un sólido valor gubernamental, reflejando que la creencia tan extendida de que el predominio del voto socialista en buena parte de las comarcas de interior, y en los municipios de tamaño de hábitat reducido respondía más a la identificación de la sigla con el gobierno del que dependían sus economías subsidiadas que a una pervivencia de la memoria histórica izquierdista. El mito de las hegemonías intocables se habría visto pues desmentido por el menos heroico del pragmatismo pro-gubernamental.Vicent.Franch@uv.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 1999