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CICLISMO:Tour

Steels repite su etapa y Cipollini su fracaso

Guesdon y Giunti estuvieron escapados 121 kilómetros y acabaron descolgados también en solitario

El belga Tom Steels suma su segunda victoria, el italiano Cipollini vuelve a fracasar, el estonio Kirsipuu mantiene el liderato, Olano, Escartín y Casero vivieron una jornada apacible, el francés Guesdon llegó a la meta sin fuerzas para viajar en el pelotón. La tercera etapa se desarrolló bajo control y el pelotón pudo circular razonablemente compacto. Cierto es que los corredores conviven muchas horas, que dentro del pelotón la vida parece uniforme, pero las sensaciones no son coincidentes. Ni siquiera en días como el de ayer. Sea el caso de Frederick Guesdon (La Francaise des Jeux), el héroe local de la jornada, autor de una escapada de 121 kilómetros junto al italiano Massimo Giunti (Cantina Tollo). Viene siendo habitual que este tipo de escapadas sin aparente sentido las protagonicen los corredores locales. Es toda una tradición; al gregario de casa le corresponde la ingrata tarea de hacer su trabajo y, de paso, animar la carrera. Y Guesdon lo hizo. Disfrutó de hasta cuatro minutos de ventaja, pero todo su esfuerzo se vino abajo a unos 30 kilómetros de la meta. La cuestión tiene su explicación científica: permitida una escapada, se la deja florecer hasta donde no moleste y obra efectos persuasivos. Se supone que con dos hombres por delante a cuatro minutos, a nadie le va a interesar darse una paliza para cazarlos y seguir su aventura. Lógico.

Engullido por el gran grupo, a Guesdon y su compañero de escapada les faltaron las fuerzas para vivir dignamente entre sus colegas hacia la meta. Descolgados y sin aliento, alcanzaron la línea de llegada por separado. Guesdon lo hizo a minuto y medio; Giunti, un minuto después, por lo que puede concluirse que transcurrieron casi toda la jornada en solitario. Recibieron aplausos por doquier; claro está que, cuando iban por detrás, esas muestras de ánimo eran más bien muestras de caridad cristiana. Llegaron que daban pena, así que no puede decirse que disfrutaran mucho de la jornada. ¿Valió la pena? Seguro: volverán a intentarlo otra vez, este año o el que viene. Están en su papel.

Y en su papel estuvo el español Pedro Horrillo (Vitalicio), 24 años, nuevo en esta plaza, y estudiante de filosofía pura por más señas. Dispuestos a observar si Horrillo se tomaba con filosofía este Tour, adonde viene a aprender y a currar, hubo que reparar el pasado domingo en su presencia durante la disputa del sprint. ¿Qué hacía allí Horrillo, metido entre las bestias de la velocidad? Simplemente, estaba disfrutando como un crío de un verdadero sprint: "Tengo que hacerlo ahora que soy joven", decía, "ya tendré tiempo de volverme práctico". Pero Horrillo no repitió ayer. Entró en el puesto 116, dentro del grueso abdomen del pelotón cuando cruza la meta.

El pelotón es un grupo compacto. Tanto, que a veces parece un gran animal que se come kilómetros y escapados, que viaja con un sentimiento colectivo convertido en pensamiento único. Pero no es lo que parece. La etapa de ayer, tranquila y soleada, tediosa y monocorde, no fue igual para todos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 1999