Alberto Ruiz-Gallardón, presidente regional en funciones, aprovechó su discurso de investidura de ayer para echarle en cara a Cristina Almeida, presidenta del grupo PSOE-Progresistas, lo que no se atrevió durante la campaña electoral. Ruiz-Gallardón se ufanó de haber logrado un "resultado histórico" en las últimas elecciones (55 escaños frente a los 54 de la anterior legislatura) y aprovechó su particular análisis electoral para atacar al PSOE por encabezar su lista con una tránsfuga de IU (Almeida) que les había llevado al fracaso. Según Ruiz-Gallardón, la coalición PSOE-Progresistas fracasó porque "el PSOE no sólo renunció en su discurso político a la búsqueda de un voto moderado y centrado, sino que llegó a poner al frente de la candidatura a una persona elegida como diputada en las últimas elecciones generales por IU y que realizó toda su campaña con el escaño obtenido en estas listas en su equipaje personal sin devolvérselo a la coalición de la que había formado parte". E insistió: "Ésta ha sido la primera vez que el socialismo renuncia a que un militante encabece su lista y presenta a un candidato que no es de su partido. Resulta evidente que la coalición entre el PSOE y Nueva Izquierda no ha producido resultados; ha sido un fracaso".
Añadió que sus votantes "son los auténticos progresistas, y no los del progreso de café y tertulia". Lo dijo en su primera comparecencia parlamentaria, después de que durante la campaña se negase a mencionar siquiera el nombre de sus adversarios.
El presidente cree que ganó con muchos votos progresistas
Ruiz-Gallardón se mostró convencido de que había ganado las elecciones regionales porque le habían apoyado "las gentes trabajadoras, quienes están en una cultura y una tradición progresista, quienes se integran en organizaciones sociales ciudadanas, ecologistas y feministas". Pero, además de estos votos, Ruiz-Gallardón movilizó, en su opinión, a los jóvenes, a los que trabajan "por el derecho a la diferencia frente a la intolerancia, el racismo y la xenofobia", y a quienes luchan por la "solidaridad de los pueblos". Con este amplio e hipotético electorado, el presidente no tuvo reparos, a continuación, en echarle en cara a la izquierda que hubiera perdido 180.500 votos con respecto a la legislatura anterior, aunque evitó referirse a que la candidatura del PP, que encabezaba Ruiz-Gallardón, había recibido 150.000 votos menos que hace cuatro años. El presidente en funciones recordó que ganó las elecciones en 1995 con el "voto prestado" del electorado de izquierda y aseguró que ese voto, hoy, ya es suyo, aunque sigue "condicionado a la capacidad de gestión y a la capacidad de realizar una positiva transformación de Madrid". "Hemos demostrado a los madrileños, con la gestión de cada día, que cumplíamos las promesas. Hemos sabido en estos cuatro años que el voto era condicionado, que no lo teníamos en propiedad; por eso, ahora es un voto renovado y convencido. Entendimos que el cambio que teníamos que emprender en esta Comunidad había de concitar la confianza no sólo de nuestra base social, sino de todos". Se ufanó además de dirigir la "región capital de la nación española" y, finalmente, y tras la lectura de numerosos folios de autobombo a su Gobierno, pidió el voto de la Cámara para seguir al frente de la Comunidad. Hoy, el grupo parlamentario del PP, con mayoría absoluta, se lo dará.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 1999