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CARTAS AL DIRECTOR

El efecto AENA

Las noticias que vienen produciéndose sobre AENA y Barajas son cada día más inquietantes; las que ya me han colmado y superado han sido las relativas a un denominado Plan de comunicación para el aeropuerto de Madrid-Barajas (EL PAÍS, 28 y 29 de junio). A estas alturas de la película de esta ciudad debería uno estar curado de espanto, pero no, la realidad demuestra de nuevo una de las leyes de Murphy: "Si algo va mal, siempre puede ir peor". Si no me equivoco, de estas noticias publicadas se deducen casi textualmente las siguientes cuestiones:

1. Ante cualquier situación urge identificar y controlar a los medios de comunicación.

2. Hay que pagar más publicidad en los medios, ser mejores clientes, para que los periodistas nos traten mejor.

3. Hay que acabar con las campañas interesadas contra el aeropuerto (¿judeomasónicas?).

4. Líderes de opinión = personajes de la prensa del corazón y tertulianos.

5. Se relativiza la información sobre los vuelos complicando el léxico y el proceso en pantallas electrónicas, Internet, etcétera.

6. Barajas for ever, creciendo como único aeropuerto manquepierda.

7. Aplicar este plan = orgullo irrefrenable y merecido de AENA. Lo del programa Tómbola (¡viva la telebasura!) es sólo la guinda del pastel, y lo de repartírselo..., pues es lo habitual, aunque suele hacerse por los canales y métodos establecidos, sin llamar tanto y tan gratuitamente la atención.

Como soy arquitecto y urbanista, bastante vergüenza ajena paso ya cuando los colegas de otras ciudades me preguntan por Madrid, como para ahora tener que añadir esto, esta cosa, que sin duda excede a cualquier sector profesional y nos afecta a todos. Esto, en un país en el que -salvo exóticas excepciones- no dimite ni Dios (no le deja la jerarquía eclesiástica), es una prueba del descerebramiento progresivo de los gestores públicos cuando tienen el poder (¡ojo!, que no son marcianos, han salido de entre nosotros), del cultivo masivo de la estupidez, de la esencial ausencia de toda ética en las secuelas del pensamiento único, y de la creciente pasividad de la ciudadanía.

Bienvenidas sean la ironía descarnada de Millás (Esquizofrenia y ruido, EL PAÍS, 4 de julio) o la denuncia parlamentaria (Grupo del PSOE del Congreso), pero hace falta algo más, hace falta que cada uno empuje y ponga su granito de arena desde sus posibilidades.

Por favor, por Madrid, esto no sólo hay que pararlo: hay que darle la vuelta, hay que "luchar contra el pesimismo de los hechos anteponiéndole el optimismo de la voluntad".- .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 1999