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Un "txupinazo" muy protegido

Yolanda Barcina entró ayer en la pequeña historia de la fiesta mayor de Pamplona. Y lo hizo con las espaldas muy bien cubiertas. No es sólo que lanzara el txupinazo como mandan los reglamentos locales (con el grito ritual de "!Pamploneses/as, viva/gora San Fermín¡"), con los pantalones puestos y una campeona del mundo de taekwondo, la policía municipal Elena Navaz, como escolta personal. Es que, además, el rito estuvo minuciosamente vigilado por un dispositivo de seguridad sin precedentes gracias al cual el grupo municipal de UPN (12 corporativos sobre 27) obtuvo su primera victoria política en el consistorio: evitar que en la barroca fachada del Ayuntamiento de la capital navarra se exhibiera símbolo nacionalista alguno. Ni las tradicionales ikurriñas, ni pancartas por los presos de ETA. Nada de nada. Sólo las banderas oficiales: la de España, en el centro, y las de Pamplona y Navarra a ambos lados. El portavoz del grupo municipal de Euskal Herritarrok, Joxe Abaurrea, criticó la actuación policial. "Ésta no es la forma de respetar la sensibilidad de una parte importante del pueblo de Pamplona", señaló Abaurrea, "que se identifica con una simbología ausente hoy en la fachada municipal. El consenso que prometió la alcaldesa en su toma de posesión ha desaparecido en cuatro días", añadió. El txupinazo, de puertas afuera del Ayuntamiento, es cada día más un problema de masificación, de orden público, que clama por una solución que evite una posible tragedia. Cerca de 50.000 personas, según cálculos policiales, se apiñaron ayer alrededor de la medieval plaza del Ayuntamiento y las calles colindantes. Los servicios de limpieza retiraron decenas de miles de kilos de vidrio y residuos tras el acto y las ambulancias trasladaron a los servicios hospitalarios, como es también habitual, a decenas de personas afectadas por cortes, lipotimias, caídas, desmayos y agresiones, en su mayoría muy jóvenes. El ya ex alcalde Javier Chourraut (CDN) lo dijo el año pasado tras las fiestas: "Pamplona no es hoy la ciudad de 50.000 habitantes que decidió lanzar el cohete desde la casa consistorial en los años cuarenta . Este escenario no sirve hoy para acoger este acto con las suficientes garantías de seguridad y comodidad". Pero ninguna corporación recién estrenada, como es el caso, se aventura a cambiar de sitio el ritual. Y sólo algunas iniciativas privadas, como la de la sociedad Nuevo Casino, en una atestada Plaza del Castillo, o la de la ikastola Jaso, en la plaza de Santa Ana, consiguen descentralizar algo el momento lanzando sus respectivos txupinazos simultáneos. Así que Yolanda Barcina lanzó el cohete como siempre mientras en la atestada plaza decenas de jóvenes introducían a empujones algunas pancartas con lemas como "Policía asesina", "Gora ETA, UPN, faxista" y una tercera con un gran anagrama etarra, y copaban las primeras filas del público con decenas de fotografías de presos y globos pidiendo amnistía. Eso era fuera, porque dentro de la casa consistorial el servicio policial transformaba el Ayuntamiento en una sucesión sin fin de controles. El objetivo, finalmente cumplido, era evitar que alguno de los seis concejales de Euskal Herritarrok, segunda fuerza política de Pamplona, tras UPN, consiguiera desplegar en los balcones la habitual ikurriña que la normativa legal prohíbe exhibir de manera oficial. Hubo forcejeos y disputas para acceder a los salones, pero ningún edil de EH logró llegar al exterior. Sí lo hizo un conocido abogado pamplonés que quiso colocar un pequeño cartel por los presos etarras. Su prolongado tira y afloja con un policía de paisano pudo verse perfectamente en televisión. No lo consiguió. Dentro, Barcina realizó, tras lanzar el txupinazo, las declaraciones de rigor: "Ha sido emocionante. Se lo dedico a todas las mujeres que han luchado por la igualdad". La ubicación del edificio del Ayuntamiento, completamente rodeado por la masa danzante y báquica, complica las entradas y salidas y eso, año tras año, retrae a muchos posibles invitados de postín. Ayer, únicamente asistió al evento la esposa de Petre Roman Vallejo, actual presidente del Senado de Rumanía y ex primer ministro del país tras la caída del régimen de Nicolae Ceasescu. Petre Roman, que hoy será recibido por el presidente navarro, Miguel Sanz, es pariente del marido de Barcina, el arquitecto José Vallejo. El propio Gobierno foral, con Sanz a la cabeza, prefiere celebrar el momento en la tranquilidad del Palacio de la Diputación de Navarra, viendo las imágenes en directo en alguna de las pantallas gigantes de televisión instaladas en el Paseo de Sarasate y la Plaza del Castillo. Culebrones sociales aparte, los sanfermines 99 se iniciaron con tiempo más bien fresco, miles de turistas desencajonados desde autobuses procedentes de cualquier sitio portando en ambas manos litronas de vino peleón y sangrías baratas y 23 personas detenidas por diversos delitos en el primer parte del dispositivo policial. Lo normal por estas fechas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 1999