La inmediata intervención de la policía de Santiago del Teide, el lunes por la tarde, no fue suficiente: cuando llegaron a la piscina del complejo Los Acantilados del Gigante, en el sur de la isla de Tenerife, James C. B., un niño de cuatro años y nacionalidad británica, ya había perdido la vida. Un despiste de los padres de James bastó para que el menor falleciera en la piscina de los apartamentos -que según la policía no tenía vigilante-, apenas dos minutos antes de que llegaran los agentes de la policía. A las cuatro menos cuarto de la tarde la sala operativa del servicio de urgencias 112 recibió una llamada en la que se alertaba sobre un niño que había sufrido un ahogamiento en una piscina. Aprovechando la proximidad de la comisaría de la policía local (situada a pocos metros del lugar), el servicio de urgencias dio aviso con el objetivo de ganar algo de tiempo hasta que la ambulancia y un helicóptero medicalizado llegaran a la piscina. Los agentes, acompañados por un médico de un centro de salud cercano, intentaron sin éxito hacer reaccionar a James con maniobras de respiración cardiopulmonar.
El cabo jefe de la policía local, Juan Agustín Martín, aseguró que el niño había abandonado la piscina en la que se encontraba (utilizada sólo por menores) y pasó a otra de mayor profundidad sin que los padres se percataran de sus movimientos: reaccionaron cuando la situación ya era extremadamente grave. Los padres gestionaban en la mañana de ayer el traslado de los restos mortales de James a su país. Los Acantilados de Los Gigantes, constituye uno de los núcleos turísticos más importantes del sur la isla y es visitado en gran parte por ciudadanos británicos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 1999