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España revela graves deficiencias en la prevención del segundo infarto

Sólo uno de cada tres afectados se trata contra el colesterol

Sólo el 29% de los españoles que han sufrido un infarto reciben luego un tratamiento contra los niveles excesivos de colesterol, a pesar de que éstos constituyen un grave factor de riesgo para padecer un segundo ataque cardiaco. Ésta es la principal conclusión del estudio Prevese 98 sobre prevención del segundo infarto, coordinado por especialistas de la Fundación Jiménez Díaz y el Hospital General de Valencia.

El estudio, realizado con 2.054 pacientes durante tres años y en 74 hospitales, fue presentado ayer en Madrid por Manuel de Oya, jefe de la Unidad de Lípidos de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, y José Antonio Velasco, jefe del servicio de cardiología del Hospital General de Valencia. Según estos médicos, si los datos ponen de manifiesto que el nivel de colesterol del paciente era alto antes de sufrir un infarto, es imprescindible ponerle en tratamiento cuanto antes tras el ataque para intentar disminuir sus niveles de colesterol. De Oya y Velasco lamentaron que los cardiólogos españoles estén todavía poco mentalizados sobre la importancia de abordar precozmente el problema que el control del colesterol en sangre representa para el paciente con infarto.

"El control de la colesterolemia [nivel de colesterol en sangre] con los fármacos llamados estatinas debería aplicarse al 80% de los pacientes que han sufrido un infarto, y actualmente sólo un 30% sale del hospital con esa prescripción", señaló Velasco.

Los autores del estudio destacaron también que las mujeres están sufriendo cada vez más infartos, debido sobre todo al hábito de fumar, al crecimiento entre la población femenina de la diabetes y la hipertensión, y a que su vida es, en promedio, cada vez más larga que la de los varones, con lo que la probabilidad de sufrir un infarto crece.

Pese a esas circunstancias adversas, a las mujeres "las protege Dios con sus estrógenos", según Velasco. Esas hormonas femeninas reducen el riesgo de ataque cardiaco. Por esta razón, la edad media de infartos en los varones es de 64 años, y en las mujeres, de 73 años. De Oya destacó que sólo el hecho de ser diabético ya supone un riesgo incrementado de sufrir infartos. Las estadísticas indican que un diabético tiene las mismas probabilidades de sufrir un infarto que otra persona que ya haya sufrido uno.

El 46% de los pacientes con infarto de miocardio presentan hipertensión arterial, el 39% fuman, el 35% tienen cifras de colesterol elevadas, el 27% son diabéticos y el 10% revelan antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular. Los autores del estudio recomiendan a quienes han sufrido un infarto que se controlen la tensión y los niveles de azúcar en sangre, que reduzcan o eliminen el consumo de tabaco y que hagan ejercicio.

El 50% de los pacientes que han sufrido un infarto mueren en los diez años siguientes, generalmente debido a un segundo infarto. El periodo de mayor riesgo para ese segundo ataque son los primeros meses tras el primero. El riesgo es más elevado cuanto más temprana sea la aparición de la enfermedad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 1999