El estudio de la biodiversidad antártica está dando resultados que sugieren una reducción en la densidad de la población de determinadas especies. La bióloga estadounidense Lynda Goff atribuye esos cambios principalmente a dos factores: el agujero en la capa de ozono situada sobre el polo sur y los efectos del proceso de calentamiento global terrestre. "El agujero en la capa de ozono", apunta, "permite el paso de una mayor cantidad de radiación ultravioleta". Los rayos ultravioleta, con una capacidad de penetración de hasta 60 metros bajo el nivel del agua, podría haber alterado el ADN de alguno de los microorganismos que forman el plancton marino reduciendo su cantidad. Como consecuencia, se "habría roto la cadena trófica" de aquellas especies que se alimentan de plancton. Goff cree que esa podría ser la razón de la merma de las poblaciones de ballenas en las aguas antárticas.
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En el caso del calentamiento global los perjudicados serían los pingüinos Adelaida que habitan en la península de Palmer, la continuidad geológica natural que une los Andes con el continente helado. Los pingüinos macho de esta especie, explica, seducen a las hembras recolectando piedras con las que éstas construyen los nidos. "El proceso de calentamiento global está provocando que nieve en la Antártida". Con la nieve, las piedras desaparecen de la vista de los pingüinos. "Y sin piedras no hay cortejo y sin cortejo no hay procreación", resume Goff.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 1999