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Reportaje:

Muere al intentar rescatar a su mujer

Un ex guardia civil fallece asfixiado al entrar en un piso en llamas donde creía que estaba su esposa sordomuda Andrés Durán, de 53 años, falleció ayer al intentar salvar a su esposa, Josefa Flores, supuestamente atrapada en la cocina de su piso que estaba en llamas. Andrés volvía de tomar un café y vio su casa ardiendo. Sabía que había dejado dentro a Pepa, de 55 años, y que ésta no podía gritar pidiendo auxilio porque es sordomuda. Trató de abrir la puerta y no pudo. Los intentos le revelaron que las llaves estaban puestas en la cerradura por la parte de dentro. Un dato para suponer que ella estaba allí. Rozando la desesperación, entró en la casa de un vecino y, desde ella, por una ventana, en su propio piso. Y ya allí, se orientó como pudo y se dirigió hasta la cocina, donde creía poder encontrar y salvar a su esposa.

Fue un viaje duro, difícil, a través de la negrura. Un viaje sin retorno. El humo, o un fallo cardiaco, acabó con su vida en la misma cocina, donde creía que encontraría la mujer a la que iba a salvar y que, en realidad, no se hallaba en el edificio porque había a salido poco antes a hacer unas compras.

La vivienda está situada en un ático, en el número 3 de la calle de Teruel, en el barrio de Sant Crist de Badalona. Una zona predominantemente obrera, muy cerca de la autopista que une Barcelona y Mataró por la costa. Sobre las 10 de la mañana, Andrés Duran salió de casa para tomar un café en un bar cercano. Su mujer quedó dentro y no le comunicó que pensaba salir a hacer unos recados. Así que, cuando, casi una hora después, volvió a la vivienda y la vio ardiendo, creyó que ella estaba dentro y se precipitó a salvarla.

Los testigos vieron como trataba de abrir la puerta y como, al no conseguirlo, entraba en la casa vecina y saltaba por la ventana hacia el interior de su vivienda, convencido de que Pepa Flores había quedado apresada en la cocina. Todo se lo decía: ella no salía sin avisarle, no la oía porque no podía gritar y las llaves en el cerrojo por la parte interior era la muestra evidente de que ella estaba allí. No estaba y nadie sabe si él llegó a darse cuenta de la inutilidad de su gesto heroico: murió asfixiado en la cocina.

La mujer llegó a la casa poco después y, al conocer los hechos, sufrió un desvanecimiento que hizo necesario su ingreso en un hospital donde recibió tratamiento. El matrimonio no tenía hijos. Las dotaciones de cuatro coches del cuerpo de bomberos llegaron al lugar con prontitud. Hicieron su trabajo y acabaron con el fuego y con el humo, dejando un paisaje de desolación y dolor. Pero, como siempre ocurre en estos casos, pronto es también tarde: el hombre ya había muerto y los bomberos sólo pudieron rescatar su cadáver del interior de la vivienda.

Las primeras investigaciones apuntaban a que la causa del incendio podría ser un cortocircuito provocado por un aparato electrodoméstico o por la instalación especial que había en la casa. El piso estaba lleno de cables eléctricos porque, debido a la sordera de la mujer, el matrimonio se había dotado de un sistema de avisos luminosos para que ella pudiera saber si sonaba el teléfono o llamaban a la puerta. Los investigadores creen que pudo ser esa instalación, que recorría todo el interior y llegaba hasta el rellano del edificio, la que acabó saltando y originando el incendio.

Los bomberos, tras la primera inspección, sospechaban que el fuego se originó en la zona del comedor y, desde ahí, se expandió al resto de la casa, afectando también al sobreático.

Ayer por la tarde, el edificio se mostraba al mundo como un agujero oscuro y vacío, muestra de una trágica confusión encadenada.

Los vecinos seguían intentando comprender el cúmulo de infortunios y, sorprendidos, recurrían historias literarias para explicar lo inexplicable.

Andrés Duran era natural de Almendralejo (Badajoz), de donde también procede Josefa Flores. El matrimonio vivía en el piso que ayer fue pasto de las llamas desde hace más de 25 años. Los vecinos aseguran que, más allá del tópico que aparece siempre en estos casos, los dos cónyuges estaban muy unidos y que la minusvalía de ella había hecho que el marido se volcara totalmente en su cuidado.

Andrés Durán trabajaba en una empresa de la Zona Franca de Barcelona. Antes, hace años, había sido guardia civil, cuerpo del que se hallaba retirado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 1999