"Forges, Chumy Chúmez, Mingote, Martínmorales, Máximo y yo nos estamos haciendo mayores y hace falta gente nueva". Yo es José María Pérez, Peridis, caricaturista de EL PAÍS, que ayer lanzó una petición de renovación y relevo para la vieja guardia de dibujantes de los medios de comunicación nacionales. Lo hizo ante los jóvenes asistentes al curso de verano El humor gráfico en la prensa actual, que se celebra esta semana en Almuñécar. Ante ellos explicó que la función del humorista social "debe consistir en quitar dramatismo a la realidad".
Desde 1976, José María Pérez analiza cada día en su tira cómica de las páginas de EL PAÍS las noticias calientes de la política española. El dibujante, de 57 años, expuso ayer en Almuñécar (Granada) la particular definición de humor que él aplica en su trabajo. El humor como una especie de amarra existencial para el hombre. "Es la conciencia de la muerte la que nos hace a todos reír. La risa alivia el dolor y el miedo ante la desaparición inevitable", explicó. Por ello, considera que un humorista social es aquél capaz de desdramatizar cualquier situación conflictiva de la realidad, incluida la social y la política. "La función de los dibujantes en la España de la Transición era poner un toque de humor y quitar dramatismo a una situación explosiva", recordó. Vocación Más que una conferencia, la intervención de Peridis en el curso de la Universidad de Granada fue una clase magistral en la que explicó cómo nace una vocación, la suya, de humorista gráfico. Ello para constatar una realidad y una necesidad. Los principales humoristas de la prensa nacional española rondan los 60 años y necesitan un relevo. Animó a los jóvenes a seguir la estela de los consagrados, aunque advirtió que no basta con saber dibujar. "Los humoristas triunfan porque son grandes personalidades. Genios cultos, sensibles y modestos. Normalmente autodidactas, que mantienen una línea de pensamiento y actuación irreprochable a lo largo de los años", arguyó. Peridis relató a los alumnos, entre anécdotas e irónicos dibujos de políticos, cómo supo esperar hasta los 30 años para hacer realidad su sueño de convertirse en caricaturista. "El juego de la vida es adivinar para qué vales", dijo. Y él lo averiguó de pequeño. Rememoró su niñez. Sus lecturas del TBO. Las primeras caricaturas, ya intentando resumir la personalidad del retratado en un solo trazo y buscando su propio estilo. Las historias de la mili, donde le apodaron el Cabo caricaturas después de dibujar a todo su regimiento. Su inmersión en la política activa, los estudios de arquitectura, las primeras publicaciones en el diario madrileño Informaciones y también las primeras censuras en su seno. Código propio Fue entonces cuando apareció el periódico EL PAÍS. Donde Peridis, desde el primer número, ha desarrollado su peculiar estilo basado en un código y lenguaje propios pero comprensible para todos. Ningún detalle en sus caricaturas es gratuito: "La corona de Jordi Pujol lo distingue como Virrey de Cataluña. La columna sobre la que estuvieron Adolfo Suárez y Felipe González y ahora está Aznar simboliza el poder. El dolmen y las piedras en las que se sientan los dirigentes vascos el milenarismo y la tradición de su pueblo. Alfonso Guerra convertido en avispa siempre con el aguijón preparado", analiza. El dibujante inicia todas las caricaturas por la nariz y concibe su tira como un retablo teatral donde los políticos representan una historia en viñetas o actos. Casi todas tienen un planteamiento, nudo y desenlace. "El objetivo de la tira es completar y analizar la información a la que acompaña", aclara.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1999