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Duyos y Montesinos aportan imaginación a la Pasarela Cibeles

Los diseños de Kina Fernández renuevan su línea conceptual

La segunda jornada de Cibeles, donde las tendencias mantienen en liza el asunto de los tejidos tecnológicos, los largos de faldas y pantalones y la vuelta del desenfado hippy en su versión sofisticada, tuvo la sorpresa exótica de los canarios Marcos Marrero y María Díaz, la confirmación y alternativa de Juan Duyos y la inyección de vitalidad de Montesinos. Kina Fernández y Valentín Harráiz se mantuvieron fieles a sus pautas personales.

Un segundo día pleno de ofertas diversas con siete diseñadores en cinco desfiles. La apertura estuvo a cargo de los canarios debutantes Marcos Marrero y María Díaz, dos soñadores con los ojos abiertos y que van erre que erre con sus propias ideas entre románticas y surrealistas, muy insulares en su colorido, sobre raso de seda. Su trabajo es la fiesta por la fiesta, con aplicaciones en flores de seda y de pasta de maizena modelada (algo que viene de la tradición indoamericana). Hay grandes vuelos de los cuarenta, patronaje a contracorriente, de antaño, entalles duros, tules teñidos en degradé con cuentas de cristal, bordados de floresta sobre gasas cristalizadas de fuerte apresto. En fin, un río solar de imaginación hasta llegar a sus "bolsos de la abuela", con los bordados típicos de la isla de La Palma. Les siguió Valentín Herráiz con sus soluciones de crochet y una gama que va del coral al verde, pasando por los azules de su mar. Herráiz, que está eufórico por sus resultados recientes en Tokio y Osaka, sigue usando con soltura la poesía teatral que le inspira su tierra. Juan Duyos ha hecho su puesta de largo en la moda española haciendo una colección ejemplar, en suaves colores pasteles primero, evocación mixta entre yeyé, redención tecno, retro del 1967 y mucha ironía. Hubo toquillas de Caperucita, un geometrismo severo y riguroso que lleva a todos de la euforia al éxtasis.

Ángela Arregui basó su colección en el blanco y negro, con cuero, algodones tratados y heridas cubiertas por cremalleras; ella usó el pantalón short muy corto. A continuación, Kina Fernández dio una lección de serena profesionalidad. Su punto de rafia armado en chaquetas y más suelto en pantalones y faldas es elegante, además de una ropa blanca llena de buenas líneas muy novedosas. Al parecer, la creadora gallega ha decidido dar un giro estético y conceptual a su trabajo, que aparece más compacto y actual; hay nobleza en los tejidos, estampados abstractos gestuales y atrevidas combinaciones. Su serie negra final fue elegante por sí misma, contundente.

Francis Montesinos, una vez más, juega al ave Fénix y sale airoso. Su desfile ha sido una fiesta bien presentada y con una ropa más sofisticada, siempre vital y cantarina, pero con toques de salón exquisito que coquetea con el garito marginal, hábil maridaje que da cal y arena a una voluntad estilística propia. Jerséis multicolores, uso del oro para el hombre, amplitud generosa en los tejidos transparentes, uso de la cinta de raso para entrelazar el crochet... en sí misma la confección Montesinos se convierte en música. Hay que aprender a oírla y a bailarla. Entre sus invitados, Lucía Bosé, Bibiana Fernández, Lola Greco y Nacho Duato.

En cuanto al cast, destaca ese trío de plata pura de la pasarela española que son Martina Klein, Verónica Blume y Gurus, siempre solventes, seguras, y Eugenia Silva, que tras su rodaje internacional sale a comerse el mundo con un poderío casi agresivo; entre las extranjeras, la nota excepcional la da la norteamericana Debbie Dietering, con su paso cansino pero que avanza sobre algodones. Y entre los chicos, el tono desenfadado de Iván Sánchez, cada vez más personal y experto tras su laboratorio neoyorquino. La jornada fue cerrada por Victorio & Lucchino, que bajo la nueva denominación Destino Sevilla insisten en los estampados con sus trabajos habituales en el tul de algodón, el lino y el punto de seda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1999