La cara de Juan Fernández es una sonrisa de oreja a oreja; a partir de hoy todo lo que venga por delante es beneficio neto para su equipo, el Festina. Vino a la Vuelta con un sprinter de segundo orden, por nombre Marcel Wust, un tipo muy simpático y extravertido, pero llamado a ser un telonero al lado de Cipollini, Blijlevens o Svorada por citar a tres colegas con un palmarés más acreditado. Sin embargo, la fortuna se ha puesto de su lado y Wust domina sin oposición: tres llegadas en grupo, tres victorias y el liderato. Wust no es Cipollini, pero en esta Vuelta lo parece: no ha necesitado siquiera que su equipo le prepare el sprint. Ayer se arrimó a la locomotora del Telekom como si hubiera cambiado de chaqueta por un momento. Ganó por un cuerpo de ventaja en una etapa que podría calificarse de sensata. Todo discurrió con lógica: la ONCE intentó abanicos de salón e incluso Banesto fue sorprendido cerca de la meta por una escapada de 10 corredores. Típico de Banesto sufrir algún despiste. Típico de la ONCE hacer alguna exhibición. Señal de que no han cambiado. Marcel Wust suma ya más de 70 victorias en su palmarés, buena parte de ellas conseguidas en España, su territorio de conquista. A sus 32 años está de vuelta de todo, pero es capaz de manifestarse tremendamente feliz por lo que le está sucediendo en la Vuelta a España. Está feliz, entre otras cosas porque no se esperaba este comienzo de carrera y, también, porque es consciente de que no ha alcanzado su límite tal y como está el panorama. La ausencia de Cipollini, la mala forma de Blijlevens y Svorada, le han allanado el camino. Wust era un sprinter con tendencia a ganar etapas en la recta final de la Vuelta, cuando los mejores se han retirado o acusan el paso de los kilómetros. El año pasado debió esperar a la etapa número 13 para obtener una victoria. Este año puede batir algún récord.
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Lo más sorprendente para él debe ser que las etapas tienen un final feliz sin aparente esfuerzo. Y es el caso de lo que le está sucediendo al Festina. No necesitó emplearse a fondo, no tuvo que hacer muchas maniobras para recoger el mejor botín: las situaciones favorecen sus intereses y luego cuenta con la experiencia de Wust para rematar la faena. Tanto fue así ayer que otros les llevaron hasta la meta. Los Banesto durante un buen trecho, los Telekom al final.
Sin más detalles de interés que una puesta en escena de la ONCE que rompió el pelotón brevemente en cuatro pedazos, aprovechando la presencia de viento en la ruta, no hubo mayores novedades dignas de mención que una escapada de una decena de corredores a unos 40 kilómetros de la meta. Diez corredores de diez equipos dispuestos a entenderse. Diez entre los que figuraban Jalabert (ONCE), Rubiera (Kelme), Belli (Festina), Zinchenko (Vitalicio) o Tafi (Mapei). No significaba una situación alarmante, pero era algo así como una ofensa para el Banesto. Así lo entendió hasta el punto de poner a todo el plantel al mando del pelotón y contar con la colaboración de algún corredor del Polti.
Al mando de los Banesto, el pelotón se puso a la caza. Para Juan Fernández la coyuntura era muy agradable: le estaban haciendo el trabajo (tenía además a Belli por delante). La caza no fue efectiva hasta que no entró en escena el Telekom. Banesto consiguió que la escapada no se desmadrara, pero Telekom puso una velocidad más y acabó con el asunto en pocos kilómetros. En ese sentido, no se puede tener queja de la profesionalidad de este equipo: no cuentan con Zabel para rematar la faena, pero no hacen mutis; exactamente lo contrario que él, en otras ocasiones, elogiado Saeco. Sin Cipollini han decidido ausentarse del sprint; sin Dufaux, que se retiró ayer, todo hace indicar que se ausentarán completamente de la Vuelta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1999