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TRIBUNA

Euskadi no es Timor

En el País Vasco "se vive bien", incluso "demasiado bien", dijo Arzalluz a sus fieles en el tradicional discurso de fin de vacaciones en Zarautz. "Somos nacionalistas", añadió, "pero también es verdad que estamos bastante establecidos, con bastantes michelines". Lo dijo para explicar las resistencias de sectores de su partido a entrar en una dinámica de colaboración con el mundo de HB. Pero la apreciación servía para el conjunto del PNV, sometido al dilema de llevar hasta el final su apuesta proindependentista de Lizarra o recuperar su tradición de partido pragmático: burgués, democrático, pactista. Algunas reacciones de tono grupuscular a las medidas penitenciarias anunciadas por el Gobierno ilustran ese vértigo del nacionalismo. Egibar fue, como siempre, el más sincero al inscribir la decisión en la actitud de "constante sabotaje" contra Lizarra. Es decir, contra el desesperado intento de prolongar la ficción de país al borde de la extinción por la opresión centralista. Pero Euskadi no es Timor, y el alivio de la gente por el eclipse de ETA se ha manifestado este verano en el aumento de visitantes, la mayor animación de las calles, un tono vital más optimista y algunos conatos de tomarse a broma los discursos agónicos.

Tiene razón Arzalluz. En el País Vasco se vive ahora bastante bien, casi demasiado para las expectativas de quienes quisieran hacer compatible la gestión del bienestar con una cierta tensión emocional. El año pasado la economía vasca creció un 5,5%, tasa sólo superada por Baleares y muy superior a la media española (3,9). Desde 1996 la distancia acumulada ha sido de casi 3 puntos, y aumentará en otras cuatro décimas en 1999. El desempleo, que desde mediados de los 80 se situaba por encima de la media, y que alcanzó en 1994 el 24,3%, está ahora por debajo: en el 13% (10% en Guipúzcoa y Álava). El salario medio fue en 1998 de 264.000 pesetas -90.000 más que en Murcia, el más alto de todas las comunidades.

La vasca es una economía muy abierta al exterior. Ello la convierte en una de las que se verán más favorecidas por la introducción del euro. Su integración en la economía española es muy alta: el 70% de las importaciones y el 65% de las exportaciones provienen o se dirigen al mercado español. El 71% de los visitantes que pernoctan en Euskadi procede de otras comunidades españolas. El País Vasco lleva casi 20 años con una tasa migratoria negativa, y la evolución demográfica está produciendo un rápido envejecimiento de la población. En esas condiciones, una eventual separación de Euskadi tendría efectos muy negativos para el bienestar de los vascos: probable exclusión de la Unión Europea, pérdida de posiciones en el mercado español, sistema de protección social difícilmente sostenible. Los debates sobre soberanía, ámbito de decisión y otras emociones soslayan generalmente este aspecto de la cuestión.

El discurso de Arzalluz en Zarautz recuerda vagamente algunas ideas formuladas en su día por Eduardo de Landeta, principal ideólogo del nacionalismo sotista (por Ramón de la Sota, empresario nacionalista, mentor de la evolución del PNV hacia posiciones gradualistas). "Separatismo, señores, significa y es revolución", advirtió a sus correligionarios en una conferencia pronunciada en el Centro Vasco de Bilbao en mayo de 1923. Para concluir que en el País Vasco es difícil encontrar "aquellos Maceo, Gómez, Rizal" de la independencia americana, porque "se disfruta de un buen vivir, y aunque a veces se habla de separatismo en un rato de buen humor, se piensa muy cuerdamente en la mujer, en los hijos, en los ahorros que se guardan en el banco, y no nos dejamos seducir".

Landeta fue muy influyente en la evolución del PNV hacia el autonomismo. Sostenía que el objetivo del nacionalismo no es la independencia, ni siquiera la derogación de las leyes abolitorias de los fueros, sino la restauración de la personalidad vasca; y que ese objetivo se vería más favorecido por una política de colaboración con las fuerzas españolas que reconocieran la singularidad vasca que mediante el aislamiento político. Landeta fue un hombre conservador, pero ese planteamiento sería adoptado en los años 30 por Acción Nacionalista Vasca, una escisión liberal de izquierda del viejo PNV, y más tarde, cuando cambió de aliados, por el propio partido de Sabino Arana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1999