El Gobierno indonesio dio ayer claras muestras de que no aceptará la entrada en Timor Oriental de una fuerza internacional de paz como pretende la delegación de Naciones Unidas enviada a Yakarta por su secretario general, Kofi Annan. El ministro indonesio de Asuntos Exteriores, Ali Alatas, aseguró a sus visitantes que el Ejecutivo controlará la situación y pidió "más tiempo y menos presiones", ante el ultimátum de 48 horas dado por la ONU el martes para poner fin a las matanzas en el territorio. Fuentes de Naciones Unidas revelaron que el presidente Yusuf Habibie está al borde de la dimisión por las críticas y presiones militares por haber abierto las puertas a la independencia de Timor Oriental.
La misión del Consejo de Seguridad de la ONU se entrevistó ayer con Alatas, pero no obtuvo el más mínimo respaldo a su idea de que Indonesia acepte la llegada de una fuerza de paz a Timor Oriental. La delegación, encabezada por el embajador de Namibia, Martin Amdjaba, se ha encontrado con un muro infranqueable en Yakarta. Antes de que la misión se reuniera con Alatas, el ministro de Justicia, Muladi, explicaba que "Indonesia tratará de resolver la situación, pero se sigue oponiendo a la presencia de fuerzas de seguridad extranjeras" hasta que el Parlamento apruebe los resultados del referémdum y abra el paso a la tercera fase del acuerdo alcanzado, en mayo pasado, entre Portugal, Indonesia y Naciones Unidas. Alatas manifestó que Indonesia no está dispuesta a ceder a las presiones de la comunidad internacional y pidió "más tiempo" para restablecer la seguridad en el territorio. En un alarde de "supremo cinismo", como lo calificó ayer un embajador de la Unión Europea, Alatas explicó que las matanzas atribuidas a las milicias son perpetradas "por individuos incontrolados", cuyas actividades son frenadas por el Ejército. Alatas aseguró que ayer la situación era tranquila en Dili y que los soldados habían detenido a seis de esos incontrolados. "Ha comenzado la incautación de armas en el territorio", subrayó con la idea de dar la impresión de que poco a poco todo vueleve a su cauce.
"Arreglaremos la situación, pero la comunidad internacional debe dejar de presionarnos", señaló Alatas antes de recibir a la misión especial de la ONU. La delegación, compuesta por cinco embajadores de Naciones Unidas en Nueva York, se entrevistó también con la troika de embajadores de la Unión Europea (Alemania, Finlandia y Francia). Tras el encuentro, fuentes diplomáticas reconocieron que "no existe el más mínimo signo de que Indonesia vaya a ceder a la llamada de la comunidad internacional y no autorizará la entrada de cascos azules en Timor Oriental".
Fuentes de Naciones Unidas filtraron ayer que el presidente Yusuf Habibie se encontraba al borde de la dimisión. Altos mandos militares le han criticado estos días por abrir el paso a la convocatoria del referéndum para Timor Oriental al tiempo que sus órdenes de que se imponga el orden en el territorio han sido y son desobedecidas. Fuentes próximas al propio presidente han manifestado que Habibie estaría dispuesto a aceptar la presencia en Timor de una fuerza interncional. Las fuentes no dieron más detalles ni explicaron la contradicción entre el presunto deseo presidencial y la política defendida por el jefe de su diplomacia.
Ello da pie a pensar que las críticas, las presiones militares y las escasas posibilidades de ser reelegido presidente por el Parlamento en noviembre le inclinen a presentar una dimisión immediata, con lo que escaparía al descrédito internacional por permitir las matanzas de que está siendo testigo el mundo.
El Consejo de Seguridad se reunió ayer y resolvió, según comunicó su presidente, Peter van Waslum, que "si la seguridad no registra mejoras en un plazo muy breve, considerará nuevas acciones para ayudar al Gobierno indonesio a cumplir ese objetivo".
A los países vecinos como Australia, Nueva Zelanda y algunos asiáticos, que tienen tropas en alerta, ayer se sumó un destructor del Reino Unido que puso rumbo de Malaisia a aguas de Timor Oriental para coordinarse con las otras fuerzas y "actuar como la ONU considere necesario", según un portavoz británico. Hasta el Vaticano hizo votos por el envío de una fuerza multinacional. Estados Unidos insiste en que no enviará soldados para esa operación, pero está dispuesto a buscar otra vías de colaboración con esa fuerza multinacional. Washington, aliado capital de Yakarta, ha hecho saber a Habibie que o pone orden en el territorio o deja que intervenga una fueza multinacional.
Para Habibie, la situación es tan precaria que sus portavoces anunciaron ayer que el presidente y Alatas no asistirán a la VII Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del Foro para la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) prevista para los próximos días 12 y 13 en Aukland (Nueva Zelanda). Habibie quiere eludir el sonrojo de que le pidan explicaciones y tenga que darlas sobre lo que ocurre en el territorio. A este foro acudirán los jefes de la diplomacia estadounidense y británica. Unos 400 jóvenes se manifestaron ayer frente a la oficina de la ONU en Yakarta para protestar por la futura independencia de Timor Oriental. Los manifestantes calificaron a Habibie de "traidor" y recordaron los miles de soldados muertos en Timor Oriental.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1999