La situación desatada en la última semana en esta ex colonia portuguesa no es más que un ejemplo de la doble moral que impregna las decisiones de política internacional. Pero, más allá de la tragedia que los timoreses están padeciendo y de la vergüenza que ello supone para las instituciones internacionales, conviene no olvidar que, con su política, el responsable último de ambas es Estados Unidos -junto a las demás potencias occidentales-, al financiar el golpe de Estado de Suharto que desencadenó el genocidio indonesio; ni que fue el capitalismo estadounidense y europeo el que sustentó su régimen corrupto y represivo durante la guerra fría.
Que desde el tan traído y llevado Tratado de Westfalia siempre ha existido una doble moral en la política internacional es un hecho demostrado, pero lo que sorprende es el hecho de que no quieran reconducirse situaciones que se generaron en un momento que en nada se parece al actual. Por ello, nuevamente surge la pregunta que siempre se plantea cuando se presentan situaciones como ésta: ¿a quiénes beneficia la situación que ahora se ha planteado en Timor?-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1999