Durante dos meses, la joven psicóloga Begoña Deán (Vitoria, 1973) cambió su ciudad natal por el campo de refugiados albanokosovares de Jamallaj, en Albania. Acompañando a los soldados españoles desplazados en la misión de ACNUR en la provincia de la ex Yugoslavia sumida en una guerra civil, Begoña Deán, la única cooperante vasca en la zona, asistió al drama de miles de desplazados por un odio tribal de orígenes seculares. Pregunta. Las imágenes que han transmitido los medios de comunicación presentan a los refugiados albanokosovares como personas desarraigadas y a las que se le ha quitado la dignidad. ¿Cuál era la vida de ellos antes de llegar al campo? Respuesta. Esa fue una de las primeras cuestiones que surgían al llegar a Jamallaj: el origen real de los refugiados. Los había de todas las clases sociales, pero todos se habían visto obligados a huir con lo puesto. La mayor parte de las veces, los serbios llegaban a sus casas y les echaban directamente, de ahí esa imagen desesperada que ofrecían. Nunca nos dijeron si quien les echaba era el ejército, los paramilitares u otros vecinos. P. ¿Y ese odio hacia los serbios que se está viviendo en estos días se veía ya en el campo? R. Nuestras conversaciones habituales no eran de política. Cuando salía el asunto, se veía un odio terrible hacia los serbios, de los que hablaban como del demonio. Es más, no entendían que fuéramos neutrales, que en el caso opuesto pudiéramos hacer lo mismo con los serbios. P. ¿Se preveía un desenlace como el que se está produciendo después del regreso de los refugiados a Kosovo? R. La solución se veía dificilísima. Aparte de la política de alto nivel, el rechazo mutuo entre los dos colectivos era tal que nadie se imaginaba una convivencia en paz. P. Las campañas de ayuda a refugiados han estado muchas veces bajo la sospecha del fraude. ¿Funcionan realmente? R. Sin ninguna duda. A nuestro campo la ayuda llegaba por donaciones de Cruz Roja y Unicef unos pocos días después de que las solicitábamos. Además hay auditorías internas (cuando yo estuve, se realizó una) y externas. P. A la vista de las informaciones que llegan de Timor y después de presenciar lo ocurrido en Kosovo, ¿cómo ve el futuro de la ex colonia portuguesa? R. Lo cierto es que en Kosovo se respetaba a la Cruz Roja y a los representantes de la ONU, algo que no ocurre en Timor donde reina lo que se llama la ley de la selva. Timor tiene un futuro muy preocupante.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1999