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Reportaje:

Un 'homo erectus' en Manhattan

Hallado en una tienda de Nueva York un cráneo que puede ofrecer nuevos datos sobre la evolución del hombre.

La tienda de Henry Galiano está casi escondida al oeste de Central Park, en Manhattan (Nueva York). Es una zona por la que sólo pasan los que allí viven y, si hay suerte, algunos de los turistas que visitan el cercano Museo de Historia Natural. Parece lógico que el establecimiento tenga un atractivo limitado: en el escaparate sólo hay insectos enmarcados y animales disecados. Y tampoco el nombre del establecimiento, Maxila y Mandíbula, es especialmente seductor. Es la tienda que cualquier aficionado a la antropología abriría para estar encerrado entre fósiles, minerales y polvo. Galiano escogió el lugar con la esperanza de que los visitantes al museo se dejaran caer y comprasen algún recuerdo, pero con el paso del tiempo el grueso de su clientela son los coleccionistas modestos que compran y venden materiales del pasado más remoto como quien mantiene al día una colección de sellos.

Ahora los antropólogos investigan dos misterios: primero, qué lugar juega en la historia de la evolución humana el cráneo que ha aparecido en la trastienda de Galiano, que constituye un descubrimiento clave en la reconstrucción del homo erectus; segundo, cómo ha recorrido el cráneo la distancia que separa su lugar de origen, Indonesia, del centro de Nueva York.

Henry Galiano es una especia de Indiana Jones de barrio al que acuden vendedores como si su tienda fuera una casa de empeños. Un día se presentó allí un desconocido que deseaba vender "un cajón" de materiales del que quería deshacerse un supuesto amigo coleccionista. Había aparcado su coche enfrente de la tienda y en el capó llevaba su mercancía: rocas, minerales y lo que definió como "curiosidades tribales" de Indonesia. Nada importante.

Galiano compró el lote, muy barato, y lo dejó en la trastienda para echarle un vistazo cuando tuviera un rato. Tiempo después comenzó a desempolvar lo que había comprado y vio que entre los fósiles había un cráneo que, según sus conocimientos, podía pertenecer a los primeros homínidos, aunque no le atribuyó demasiado valor. Al cabo de los días pasó por delante de la tienda Eric Delson, doctor en antropología y profesor en la Universidad de Lehman. Galiano conocía a Delson porque hace 20 años, antes de montar la tienda, había trabajado con él como ayudante en el departamento de investigación del Museo de Historia Natural. Desde entonces solía preguntarle sus dudas de aficionado.

Galiano le dijo: "¿Quiere ver algo interesante?". Cuando Delson vio el cráneo se le iluminó la cara y preguntó: "Qué hace esto en Nueva York?".

Ahora que los científicos lo han analizado se ha podido construir, en parte, el retrato del dueño del cráneo. Perteneció posiblemente a un hombre. Así lo indica el grosor de algunas partes del cráneo, cuyo nivel de desarrollo desvela una muerte joven, en torno a los 20 años. Esa es la parte fácil de la investigación. Sin embargo, la cualidad excepcional de este descubrimiento es la posibilidad de que sea uno de los eslabones perdidos en la evolución de los humanos.

El cráneo pudo pertenecer a uno de los últimos homo erectus (que se esparcieron desde África a Asia hace 2 millones de años) o a unos de los primeros homo sapiens. Ese paréntesis de la humanidad es uno de los peor documentados por la antropología. Es la primera vez que la frente y la cavidad cerebral de un cráneo de este periodo sugiere la posibilidad de que aquellos homínidos pudieran hablar o tuieran capacidades mentales avanzadas.

Se especulaba con la existencia de esta pieza tan valiosa desde que un científico europeo, Eugène Dubois, descubriese los primeros huesos de un homo erectus en Indonesia hace un siglo y crease con ello la teoría del Hombre de Java. Posiblemente algún agricultor encontró el cráneo en los últimos 100 años y acabó en manos de cualquier turista que lo comprase para usarlo de pisapeles. Cómo llegó de ahí a Manhattan, es otra historia.

Galiano es un hombre honrado y ha donado el cráneo a la Universidad Gadjah Mada de Indonesia. Con ello ha renunciado a los 500.000 dólares (80 millones de pesetas) que ya le ofrecían en el mercado de coleccionistas privados. Según Galiano, su relación con los amigos científicos "vale más que un puñado de dólares".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1999